¿Ha Muerto el Arte en el Mundo Postmoderno? II

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Para los artistas románticos estas dudas sobre la muerte artística serían impensables. Si nos pudieran leer en este instante se alarmarían de estas palabras. Poetas románticos como Shelley o Keats reflejan en sus obras una gran fascinación y alabanza a la capacidad del arte de sobrevivir al tiempo y trascender toda cualidad humana. Esta alabanza a la inmortalidad choca de frente con la concepción de la mortalidad del arte que nos trae el crítico de arte postmoderno del que hablábamos en el anterior artículo, Arthur Danto. Aquellas mentes y ojos románticos se espantarían de la cualidad plural y desarmonizada del arte actual y de la nueva estética marcada por lo común y ordinario. Como afirmaba en el artículo anterior, hoy en día en el arte todo tiene cabida, todo está permitido, sin límites, sin restricciones pero sin embargo, ya no es para todos. Los artistas de renombre se han visto en libertad de embotar literalmente su propia mierda y venderla por millones como hizo Piero Manzoni en su obra La mierda de artista.

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En este arte post-moderno se pierde la belleza clásica pero también la capacidad de perturbar y revolucionar que marcaba al periodo modernista anterior. En el modernismo el arte era creado por un espíritu revolucionario. No tenemos más que observar la Olympia de Manet que inspirado en la Venus de Urdino de Tizano retrata en su lugar a una prostituta parisina. O el cuadro del Origen del Mundo de Coubert que no es más que pura provocación. 

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Estos son ejemplo de auténticos espíritus revolucionarios y provocadores. En el modernismo comienza a surgir la desilusión, el inconformismo, las vanguardias, la conciencia feminista, o más bien, la conciencia inconformista en general. ¡Qué mejor arma para el cambio y la revolución que la propia conciencia! Los artistas modernistas pretendían ir a contracorriente, vencer los valores que se estaban estableciendo y retar, cambiar y revolucionar. Sin embargo, cuando la contracorriente se puso de moda y se convirtió en la nueva corriente, se dejo de lado todo objetivo por el que luchar y sedio paso al nuevo periodo postmoderno. El conformismo y la asimilación dan forma a aquellos artistas post-modernos, post-revolucionarios o como diría Danto Post-históricos. Este crítico utiliza este concepto para defender que “ahora la historia y el arte habían tomado direcciones diferentes.” Danto habla de un arte ya agotado de su esencia histórica y teórica.
Y es que este arte post-moderno es un arte rendido y derrotado en comparación con el espíritu provocador del arte modernista. El arte actual ha perdido la belleza clásica, la visión inocente y fascinación romántica, la moralidad victoriana, la rebeldía moderna. Ya nada nos asombra ni el desnudo ni lo indecente o lo inmoral, y gran parte de la culpa la tienen los medios de comunicación que nos han acostumbrado al espanto, al absurdo y a la inmoralidad. Pero entonces me cuestiono: Si el arte ha perdido la belleza clásica, la capacidad para perturbar, y por tanto, su propia esencia ¿Sería correcto seguir considerando a este arte como tal? ¿O por el contrario tiene Danto razón y ha muerto el arte?
He llegado por fin a una conclusión que tras mucha divagación quiero promulgar, allá voy: ¡El arte no ha muerto, sino que su teoría y su historia han llegado a un punto muerto!
Toda obra teatral, toda película, toda novela que he visto o leído recientemente son pura crítica social. En aquellas obras he percibo el auténtico espíritu artístico tratando de cambiar el concepto de arte actual. Personas inconformistas, artistas luchando por sobrevivir a la sobredosis de mierda post-modernista. Estas obras y estos artistas me han hecho ser conscientes y defender que: el arte no ha muerto, sino que el concepto de arte junto con la sociedad ha perdido su rumbo. Mientras tanto, ellos tratan de renovarlo o hacerlo renacer.
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¡EL ARTE SIGUE VIVO! lo evidencié el pasado fin de semana en aquella obra de teatro, lo percibo al escuchar al famoso violinista que trafica las calles de Salamanca con sonrisas, lo percibí en la última película que fui a ver al cine, pero también al ver el nuevo dibujo de mi prima de 11 años, o al leer el último poema con el que me topé. Aunque nos encontremos en una sociedad post-modernista sigue permaneciendo la vivacidad del arte escondida y brincando de esquina en esquina.El arte existe pero fuera de la falsa contracorriente actual que no es más que la nueva corriente, la nueva convención. Lo bueno es que tenemos nuestra propia consciencia para dar el primer paso y hacer renacer a esta moralidad y teoría del arte.
Es esta consciencia lo que nos mantiene a flote, ésta es el principal arma para el cambio, la evolución, el futuro. Como el poeta romántico Wordsworth afirmó una vez; «we are out of tune», estamos desafinados, desentonados y vamos a contracorriente de nuestra naturaleza. Pero los artistas siguen vivos tratando de mostrar que estamos en momento de renacimiento social y que el arte no ha muerto. Deberíamos escuchar nuestra fuerza creativa y revolucionaria que hay en nosotros y mantener vivo ese hambre por conocer, aprender, crear. ¿Y si no hay nada más que construir? Siempre podemos retroceder los pasos que hemos dado de más y comenzar a de-construir el arte y a la humanidad. Así todos podremos ser artistas, que el de-construir también es crear y hacer arte. En palabras de Danto: “El arte siempre tendrá un papel que desempeñar si los artistas lo desean”

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