«Inercia», «La tarde» y «Todos sonreirán»

Inercia

Pasé por el instituto
igual que otros pasan por una sala de espera
y después de la universidad
supe que no hay tiempo para segundas oportunidades
Escribí la carta más larga que nunca había escrito
y no se la envié a nadie,
la partí en trozos y la metí debajo del grifo.
Leí una última carta de amor de otro que hablaba de las ansías de vivir y del fin.
Con el dedo metido en el ombligo he cogido aire
para escuchar una historia que pensé que no llegaría a existir.
Ahora me siento y espero,
espero a que se me duerman las piernas.

 

La tarde

Si llego a casa y enciendo una vela,
una de esas que sólo se utiliza si hay tormenta,
y enchufo una lámpara pequeña,
hiervo agua en un cazo de porcelana
para que las hierbas me acallen las tripas.
Si busco algo en la radio
y abro un cuaderno y se queda abierto,
recibo una llamada y me levanto a por el teléfono
y es mi madre, que resulta
que está en la habitación de abajo
y claro, no contesto.

 

Todos sonreirán

Pueblo que crece por las esquinas,
dejando un corazón de ventanas rotas
como un anciano con los pies y la cabeza cada vez más hinchados.
Día para el pellejo,
el croissant  y la farmacia de guardia.
Los jóvenes
mueren el resto de la semana,
se pudren en un sótano
igual que el techo de mi baño
igual que estas paredes que sudan.

 Sara Ferro

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