‘Pride’, la importancia de la lucha transversal

Escrito por David Jiménez, activista LGTBI+


La grandeza del cine se encuentra, como en cualquier otro arte, en su capacidad para conmover, emocionar y hacer pensar. En el caso que me ocupa, la película ‘Pride‘ y el descubrimiento de un episodio desconocido de la historia del movimiento obrero británico despertaron en mí toda una serie de reflexiones acerca del activismo, 559263la lucha y la memoria.

Pride‘ narra la historia de un grupo de gays y lesbianas que deciden recaudar dinero para ayudar a los mineros en huelga contra las políticas neoliberales de Margaret Thatcher en los años 80. La asociación LGSM (Lesbians and Gays Support the Miners) se ve obligada entonces a enfrentarse a la homofobia del sindicato, al rechazo inicial del pueblo de mineros al que ayudan y a los prejuicios y estereotipos de una sociedad que, entre otras cosas, asociaba (y aún hoy lo hace) la homosexualidad con el SIDA o con conductas poco menos que satánicas.

Se trata de 2 horas que alternan drama y comedia muy hábilmente, consiguiendo una película disfrutable y muy bien hecha. Grandes actores y actrices y una banda sonora magnífica se combinan en una de esas películas que los británicos llaman “feel-good movie”. Sin duda un gran ejemplo de cómo transformar una historia eminentemente dramática en una comedia que nadie debe dejar de ver.

Sin embargo, detrás de estas 2 horas de film se encuentra una historia real: LGSM existió y es todo un ejemplo de la importancia de una lucha transversal, que debía y debe ir mucho más allá de la lucha LGTBI+ o la lucha del movimiento obrero.

Año 1984, 15 años después de los disturbios de Stonewall Inn y 5 años después de la llegada al poder de Margaret Thatcher. Los mineros del Reino Unido se ponen en huelga contra las políticas conservadoras de la “dama de hierro”. Como respuesta, esta confiscó los fondos del sindicato de mineros (National Union of Mineworkers), lo cual provocó que fuese inútil enviar fondos al sindicato en solidaridad con los mineros.

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Los mineros animaron a la sociedad civil a crear grupos de apoyos por toda Gran Bretaña que se hermanasen con las comunidades mineras. Eso hizo el activista del creciente colectivo LGTBI+ y militante del Partido Comunista de Gran Bretaña (CPGB) Mark Ashton. Junto a su amigo, Michael Jackson crearon la alianza Lesbians and Gays Support the Miners (LGSM). Este colectivo comenzó a recaudar dinero (unas 20.000£) para las comunidades mineras galesas de Neath, Dulais y Swansea.

La alianza entre el colectivo LGTBI+ y el movimiento obrero se consolidó una vez olvidados los prejuicios y, terminada la huelga, grupos de mineros participaron masivamente en la manifestación del “Orgullo Gay” de 1985. Ese mismo año, en la conferencia del Partido Laborista, se aprobó una resolución para incluir dentro del ideario del partido la igualdad de derechos para las personas LGTBI+ gracias al apoyo clave del Sindicato Nacional de Mineros.

No es único ejemplo, pero sí que es uno notorio y evidente, de los beneficios de una lucha que vaya más allá de las barreras de un activismo concreto. Los colectivos LGTBI+ actuales, quizás excesivamente centrados en lo institucional y en actos superficiales de difusión de teoría queer, quizás deberíamos tomar nota de esta necesidad de las alianzas como forma de encarar un futuro en el que consigamos, por medio de la lucha como no puede ser de otra manera, la igualdad real, la libertad sexual y la autodeterminación de género. CD6oAaNWgAIS7yy

Otra lectura importante es la de la necesidad de llevar nuestra lucha, que a veces peca de urbanita, al mundo rural, ese gran armario. La realidad del colectivo es bien distinta en los pueblos y zonas rurales que en las grandes ciudades, donde es más fácil reivindicarse y visibilizarse como persona no cis-heterosexual. Para muestra, un botón: en el programa de las elecciones generales del 20 de diciembre, ningún partido político lleva medidas claras destinadas a la población LGTBI+ rural.

Por otra parte, hay dos temas fundamentales presentes en la película y con los que quiero finalizar este artículo: la necesidad de recuperar la memoria histórica LGTBI+ (al igual que lo hacemos con aquellos héroes que dieron su vida por la democracia, recordemos también a quienes estuvieron al pie del cañón por los derechos de nuestro colectivo) y la necesidad de repolitizar el Orgullo. 534467_300771953329959_149966425077180_713915_363044821_n

Repoliticemos el Orgullo, repoliticemos NUESTRO Orgullo. La fiesta es y será siempre una parte importante de nosotras y no tiene por qué estar reñida con ser realmente reivindicativos y reivindicativas. Es importante sentirnos orgullosas y orgullosos de lo que somos y sentirnos también orgullosos de defender lo que somos. Por ello, es necesario abandonar la filosofía de una manifestación oficialista y de capitalismo rosa y, si no te gusta, te vas al Orgullo crítico con otras cuatro gatas. Solo politizando y repolitizando a las personas LGTBI+ y su fiesta, el Orgullo, podremos golpear de manera unitaria y sin vendernos a la heteronormatividad, el heteropatriarcado y sus violencias.

Sí, luchamos por pan, pero también por rosas.”