Jesús Carrasco: ponerte a ti mismo el listón demasiado alto

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Leí Intemperie tres años después de su publicación —siempre parezco ir un paso por detrás del resto del mundo—. No sé si había leído por ahí que la novela del escritor pacense revolucionaba a sus lectores, no sé si había leído que estábamos ante un prometedor titán de las letras hispánicas. No sé por qué el furor pasó delante de mí y yo no me di cuenta, quizás tenía la cabeza metida en un hoyo, pero sí sé —ahora lo sé— que eso era, más o menos, lo que escribía la crítica en 2013, cuando Seix Barral decidió publicar la primera novela de Jesús Carrasco.

Desde entonces han pasado tres años. La segunda novela, La tierra que pisamos, fue esperada con ansiedad e ilusión por el grupo de lectores que se había quedado con el mono de la prosa maravillosa que había encontrado, como un tesoro de inmenso valor, en Intemperie. La ventaja de ir un paso por detrás de todos —pensé, al cerrar la última página de la primera novela—, es que yo no voy a esperar. Solo unas horas después compré el ebook y aunque pensé que 12,42 euros era un precio alto para un libro, especialmente no impreso, los pagué sin dudarlo —y habría pagado más, y habría pagado la versión impresa si eso no hubiese implicado esperar hasta el día siguiente para comenzar a leer: así mis ganas de consumir Carrasco—.

Tardé más tiempo en terminar el segundo libro. Si Intemperie se me deslizó entre las manos, de principio a fin, en unas cuantas horas repartidas entre dos días, La tierra que pisamos se me resistió el doble de tiempo. Después, miré por encima algunas reseñas que encontré en Goodreads. A pesar del promedio no muy alto, más o menos de tres estrellas —digo «no muy alto» porque he notado que la gente en Goodreads es muy generosa puntuando, mientras que yo me lo pienso mucho antes de poner un tres—, los lectores escribían comentarios positivos. No puedo estar más en desacuerdo con el contento generalizado —aunque parecía haber trazas de resignación— que ha causado La tierra que pisamos. Sinceramente, creo que son lectores que aprueban la novela por inercia, porque creen que es lo normal, especialmente después de haber encontrado un libro tan cautivador como Intemperie: ¿Quiénes son ellos para declarar que La tierra que pisamos es una auténtica decepción? Seguramente piensan que, si no les gustó, el problema está en ellos, no en el libro.

Pero yo no me puedo quedar tranquila, así y ya. No puedo afirmar que La tierra que pisamos es una excelente segunda entrega de Jesús Carrasco, que se palpa esa narrativa impactante, que la historia es crítica, que la estructura fragmentaria es original. No puedo porque no creo que sea verdad. De hecho, lo que creo es que La tierra que pisamos es un libro que da la sensación de ser un primer borrador de una novela que parecía ser prometedora, pero que no alcanzó todo el potencial que contenía. No fue una novela ejecutada con éxito. Y no. Hay cosas que no son cuestión de gustos. Los fallos formales y las malas decisiones son, justamente, eso: fallos formales y malas decisiones.

Me imagino que a continuación debo cumplir con la convención y alertar acerca de posibles spoilers. Realmente no creo que nada de lo expuesto a continuación pueda perjudicar a la lectura de nadie, ambas tramas son llanas y no ocultan sorpresas. A no ser que seas spoilerfóbico y tuvieras que sacarte los globos oculares a lo Elle Driver si te encontraras con alguna información que revelara algo de la trama, creo que puedes seguir leyendo.

 1. Intemperie (2013)

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¿Dónde está la magia de Intemperie?
Por todas partes.

Mi experiencia de lectura fue algo así:

Desde el principio el narrador me causó una buena impresión. Una tercera persona neutral, descarnada, marca la distancia que será característica de la atmósfera de la historia. Sus frases no son sencillas, de hecho, sentí que me abofeteaban con una dosis de léxico que me desubicó al principio, pero que aprendí a disfrutar muy pronto. Intemperie es una mina de vocabulario, un manantial de palabras de origen rural. Es un tipo de léxico que, si bien siempre ha tenido ese no sé qué encantador, ahora su encanto no hace más que hincharse —conforme crece el peligro de que se vuelvan palabras olvidadas, almacenadas en diccionarios, como una galería de antigüedades— se vuelven más y más bellas —soy nostálgica—. A pesar de la dificultad, no parece una prosa artificial, y yo pensaba conforme leía «nadie conoce todas estas palabras, esto solo puede escribirse con el diccionario de sinónimos al lado». Claro, no lo sé. Creo que tiene mérito que la narración no parezca forzada, que no rechine al ser leída.

Junto con las palabras vienen los objetos. Carrasco presenta un inventario amplísimo de toda clase de artefactos, herramientas, utensilios, textiles, alimentos, máquinas, accidentes geográficos. Con este mapa de objetos, Intemperie brinda un imaginario desolador y, aun así, inmensamente bello que, creo yo, se disfruta mucho en la lectura. Digo desolador, porque la historia se desenvuelve sobre un páramo inmenso que atraviesa una terrible sequía que conduce a la muerte a los pueblos de una zona geográfica muy amplia­. El espacio desértico —un acierto más— dibuja un ambiente que se balancea entre lo salvaje y su hermosura, y una crueldad abrumadora, y lo hace con impresionante maestría: no se distinguen tiempos ni lugares, los diálogos son escasísimos, los personajes se pueden contar con una mano y ninguno tiene nombre propio. El páramo es cruel, inabarcable, egoísta, indiferente. En él sobrevive quien puede y poco más importa. Los nombres propios, en el desierto, cuando hay sed e insolaciones, cuando todo está enterrado bajo la arena, no vienen al caso. Carrasco lo entiende bien.

Intemperie tiene cadencia interior, un ritmo continuo, lirismo, brutalidad en dosis ideales. Es descarnado y sensible a la vez. En definitiva, es un libro precioso.

2. La tierra que pisamos (2016)

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Leí la primera mitad de una sentada. Al principio me pareció una novela que podía ser sólida. Había una narradora contradictoria que luchaba entre lo que se le había inculcado —imperialismo, patriotismo, superioridad, racismo— y lo que su sentido común parecía intentar decirle. Lo escucha, finalmente, con la llegada de un segundo personaje, y cada vez lo escucha con más atención. Hasta ahí todo bien. El problema es que esta protagonista narradora que promete evolucionar, rápidamente se vuelve predecible, aburrida y, lo peor de todo, inverosímil.

La novela completa está construida a partir de unos cuadernos personales que ella escribe. Primero habla sobre su situación personal —tiene que cuidar de su marido que, por alguna razón, no puede moverse ni hacer nada por sí mismo, pero que tuvo, en su día, un alto cargo militar—. Tras la llegada del hombre misterioso, sin embargo, su interés por la tierra en la que vive, una colonia del gran imperio ficticio en Badajoz, tras décadas de habitarla, brota de repente. Se convertirá en una obsesión reconstruir los pasos del desconocido, y la reconstrucción de su historia personal servirá de excusa a Carrasco para retratar escenarios distintos: el presente de Eva —la tierra violentada después de años de la invasión y cómo evolucionó la sociedad en ella—, el momento de la invasión y la captura de los prisioneros, la vida antes de la interpelación militar, los maltratos y la explotación a los capturados. Expuesto así todo parece una gran idea. ¿Dónde está el fallo?

En primer lugar, en la extensión de la novela. Con la mitad de páginas le bastaba y le sobraba para bordar la historia. La segunda mitad del libro es tediosa. Durante el último tercio me planteé varias veces abandonar el libro —entonces recordaba lo de los 12,42 euros y seguía leyendo, aunque se me cerraran los ojos—. La estructura es fragmentaria, los capítulos son cortos, todos los tiempos internos de la historia se entrelazan entre ellos. Definitivamente, lo mejor habría sido sacar provecho estas características predefinidas y seguir los pasos, por ejemplo, de Juan Rulfo —sabia decisión la extensión que tiene Pedro Páramo—.

En segundo lugar, en su narradora. Es odiosa, y no porque sea una imperialista insoportable, sino por lo que dije sobre la verosimilitud. Nadie escribe así sus cuadernos personales: frases demasiado largas y complicadas, reflexiones complejísimas y elaboradísimas y, además, con un grado de dificultad del léxico muy alto —aunque no tanto como el de Intemperie—. Parecía, en lugar de diarios, que estaba escribiendo una novela premeditada y con mucho trabajo detrás. Como no me podía creer que una mujer que había sido criada para casarse con un militar, que llevaba a saber cuántos años alimentando a un hombre babeante con puré, y que por sí misma reflejaba un altísimo nivel de ingenuidad e ignorancia, pudiera escribir espontáneamente esos textos, me sentía constantemente expulsada de la ficción.

En tercer lugar, el aislamiento perpetuo de los personajes. No hay interacción entre ellos en todo el libro. De nuevo, me parecería bien si el libro fuese mucho más corto, pero ya que no lo fue, me pareció una necedad mantener a la mujer y al hombre incomunicados durante todo el libro. Sí, la incomunicación se debía a que él estaba completamente loco, pero estoy segura de que hubiese podido haber algún tipo de solución distinto. Al menos, creo, pudo darle mucho más juego en la reconstrucción de la historia: si no puede hablar ahora, haz que hable antes. No hay por dónde enlazar ni simpatizar, como lector, con el hombre al que se debe la novela entera.

Finalmente, el exceso de violencia, en mi opinión, terminó siendo contraproducente. Las escenas que impactan, impactan las primeras veces, pero conforme avanzas y se van repitiendo golpes, hambre, frío, locura, cicatrices, explotación, trabajos forzados, desmayos, muertes, abuso de autoridad, terminas por volverte completamente indiferente a la crueldad. Yo suelo preferir lo sugerente y no lo gráfico, pero cuando se va por la vía de lo gráfico también hay que saber hacerlo con cautela y sabiduría, y creo que Carrasco no supo elegir cómo recrear las escenas más brutales con suficiente inteligencia. Había crudeza pero parecía una crudeza tímida, y se extendió tanto durante la obra que terminó por ser una especie de mazacote mal embarrado por todo el libro.

Tras una novela tan entrañable como Intemperie, creo que Carrasco estaba en una posición muy complicada. Su primer libro había sido un éxito y era de una calidad asombrosa —especialmente para una primera novela—; no podía permitirse repetirse, no después de haber creado tantas expectativas. Si caía en la redundancia, se asumiría rápidamente que solo podía crear un tipo de novela. Quizás, en su intento de alejarse lo más posible de la línea que había elegido en Intemperie, quizás bajo la presión de la editorial —de esa gente nunca se sabe—, terminó presentando un libro que, de haber sido escrito por alguien más, habría podido pasar como un libro promedio, ni bueno ni malo; pero porque era él, solo por eso, La tierra que pisamos es un libro que deja mucho que desear.

Las gallinas de Bill Gates

Si viviera en pobreza extrema a Bill Gates le gustaría criar gallinas. Y tantas son las ventajas que, a su parecer, proporciona la cría de estas aves domésticas, que decidió altruistamente donar cien mil de ellas a ciertos países pobres, entre ellos Bolivia. César Cocarico, ministro de Desarrollo Rural y Tierras del gobierno boliviano, se mostró ofendido y declaró que “somos dignos” y que “no necesitamos gallinas como regalo de nadie para poder vivir.”

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La filantropía multimillonaria que ejerce la Fundación Bill y Melinda Gates responde a intereses tan variados como loables: la erradicación de la pobreza y el hambre, la vacunación de millones de personas frente a enfermedades infecciosas, o el acceso a una educación de calidad.  Mediante la inversión de una ingente cantidad de dinero en estas nobles causas, la Fundación promueve soluciones técnicas, meramente técnicas, como son la investigación científica o la aplicación de novedosas tecnologías, para resolver los grandes problemas del mundo actual. Y esto tiene dos implicaciones que conviene señalar.

En primer lugar, el olvido de valores tan importantes como la democracia o los derechos humanos. Melinda Gates escribió un artículo en el que aseguraba que “Etiopía es uno de mis lugares preferidos porque demuestra que el mundo puede mejorar –mucho, muy pronto- con el tipo de liderazgo adecuado.” Para la fecha de dicho artículo, 2013,  Human Rights Watch ya había alertado sobre la grave situación en el país respecto a los derechos humanos, como la expulsión violenta y forzada de  ganaderos y pequeños agricultores de sus tierras con motivo de un megaproyecto estatal de explotación agrícola. También sobre el uso de la ingente ayuda internacional (miles de millones de dólares) por parte del gobierno etíope como método de represión, obteniendo a todas luces sus frutos: en las elecciones de 2015, el partido en el poder -desde hace más de veinte años- obtuvo la totalidad de los escaños en el parlamento nacional.

En segundo lugar, el pensamiento exclusivamente técnico desprecia las condiciones políticas donde se desarrollarán sus soluciones, sin tener en cuenta que el éxito de estas dependen de aquellas. Así, la “política” ha establecido un sistema alimentario mundial basado en la liberalización y desregularización económica (que permite, por ejemplo, la especulación sobre el precio de las materias primas), y en la preponderancia de la empresa privada sobre el Estado. El resultado es un sistema alimentario muy vulnerable tanto a las crisis económicas como medioambientales (valgan como ejemplos la inflación de los precios de alimentos básicos en el 2007 o el fenómeno El niño respectivamente) y gobiernos africanos cada vez más dependientes del capital extranjero.

La complacencia con el sistema establecido, no cuestionarse los fundamentos ideológicos que rigen el mundo, permite perpetuar los males inherentes a dicho sistema. Tan solo quienes crean vivir en una era post­-ideológica seguirán defendiendo con obcecación que la gallina de los huevos de oro acabará con el hambre en el mundo.

 

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Juan Andrés Moriano

 

USA and the breakup of Yugoslavia

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After the end of World War II and subsequent partition of Europe, Yugoslav state found itself on the eastern side of the Iron curtain. During the war and the civil war that followed, Communist party secured leadership and managed to create a socialist federal republic in place of old somewhat decentralized monarchy. A new Yugoslav state was a federation of six republics, unlike the monarchy, which was a nation state of three nations.

However, soon after the war’s end, Yugoslavia managed to free itself from the grasp of Soviet Union, and become independent of it, unlike rest of Eastern European countries (with the exception of Albania). This allowed Yugoslavia to have a unique position in Europe, as it was west for the east, and east, for the west.

Its economy was also quite different than the rest of communist Europe, especially after the Yugoslav-Soviet break-up of 1948. Though ultimately owned by the state, Yugoslav companies were collectively managed by the employees themselves, much like in the Israeli kibbutz and the anarchist industrial cooperatives of CNT-FAI controlled Revolutionary Catalonia. It was praised as a uniquely successful socialist (planned) economy. In its golden age, Yugoslav economy had an annual GDP growth of over 5%, and its privileged political position allowed it to export its goods to both western and eastern European state alike.

On the political front, after the split with the Soviet Union, Yugoslav leader, Josip Broz Tito, tried, and succeeded in forging closer ties with west. Yugoslavia was first country to open its borders to western countries in 1967, and Tito was much beloved guest in USA and Western Europe. Foreign policy of Yugoslavia was based on a Non-aligned movement, created and lead by Tito, as well as Nasri and Nehru. Tito’s Yugoslavia held a leading position in the movement during much of its history, and succeeded in creating alternative for the USA lead west and Soviet lead east.

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Tito, Stalin and Molotov.

Non-aligned movement was an opportunity for countries all over the world to escape the vile split, and stay out of the Cold war as much as it was possible. Both USA and Soviet Union tolerated Tito’s politics, for many reasons. Firstly, common action against Yugoslavia was not only pointless but also unimaginable, and unilateral was doomed to failure. Not only did Yugoslavia have a formidable army, equipped not only by its own modern weaponry, but also with American and Soviet weapons and weapon systems. Also, military action against it would surely mean retaliation from the other side. Secondly, USA saw in Yugoslavia a dam towards spreading of Soviet influence. Many socialist and left oriented countries chose to participate in Non-alignment movement rather than to cooperate too closely with USSR. Thirdly, Soviet Union, during most of Cold war, had friendly relations with Yugoslavia, and its initiatives in UN and other international bodies were supported by Yugoslav delegates, which also meant, in most cases, a support from Non-aligned movement, and an assured majority.

Nonetheless, it is obvious that existence and position of Yugoslav state depended on consensus between two worlds superpowers, and after sudden disappearance of one of them, Yugoslavian position was also questioned.

In the eighties, Yugoslavia was deep in economic and political crisis after death of Tito. In those years it became clear that many of countries problems, first of all ethnic tensions, were pushed under the rug. While economy fell deeper into the abyss every year, ethnic tensions all over Yugoslavia were erupting. In Kosovo, Albanian nationalists and terror groups demanded independence and subsequent unification with Albania; in Bosnia, Muslim majority started to wake up, and Islamic extremism, practically created by the USA in Afghanistan, reached Yugoslav central republic; in Slovenia and Croatia, independence movements gained strength every year, and every year incidents between Slovenians and Croatians on one side, and Serbs on the other would unveil; in Serbian and Yugoslav capital, Belgrade, Serbian nationalism and Yugoslav centralism gained support, as Serbian and federal leadership showed no will to reform in any way. All this lead to a highly explosive situation in the country. The only thing that was missing is a match, and USA was more than ready to provide one. nato-go-home

In American point of view, Yugoslavia had served its purpose, and its existence was not anymore in American interest. For a time, USA kept the illusion of friendly relations, but refused to help Yugoslavia in any way, political or economical, to a point when Congress passed a law in which it forbade any form of help to the country. In 1990, Soviet Union was already helpless and facing its own doom and foreign powers started arming insurgent groups in Yugoslavia. Germany and USA were amongst the generous humanitarians who provided Croatian and Slovenian separatists with weapons, while Arabic petro monarchies armed Bosnian Muslims, and also sending mujahidin warriors to Yugoslavia. Stage was set, and with a few sparks, civil war begun.

International community played a key role in keeping the war going for several years, especially in Bosnia. Germany was amongst the first countries to recognize self-proclaimed republics of Croatia and Slovenia, even before the USA. American ambassadors in Yugoslavia gave silent and latter open support for those moves. Serbian minority in Croatia revolted, which led to a four year civil war in Croatia, that ended by expatriation (not to use a stringer word) of more than 200.000 Serbs, and thousands of dead on both sides. In Bosnia, civil war ravaged the country and left more than 100.000 dead and 2.000.000 displaced. In both conflicts, USA gave support to the separatists, while in Bosnia, even NATO aviation was introduced against Bosnian Serbs. The war eventually ended in 1995, leaving former Yugoslavia in ruins. However, another war was looming. Four years later, under the pretext of genocide over Kosovo Albanians, NATO bombarded Yugoslavia for 78 days, after which southern Serbian province was occupied by NATO forces. Final act (for now of course) were declarations of independence by Montenegro and so called Republic of Kosovo.

The aftermath of it all is terrifying. Instead of a multicultural socialist, independent and mostly stabile state, there are six former Yugoslav republics, independent from each other, but protectorates of the West (USA). Each of the terribly in debt, with economies that rely solely on raw material export and foreign banks, with introduced capitalist systems, and paychecks that barely cover monthly food need, if that. Croatia and Slovenia are part of NATO, independent of USA as much as Texas. Slovenia was the richest Yugoslav republic once, and now one of the poorest countries in EU. Croatian littoral is almost completely German owned, and its territory and ports home to foreign armies.

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Bombed building in Belgrade. Nowadays it is kept as it is in the image so as to remember the bombings.

Bosnia is not a country, not a territory, not an entity. In fact, no one really knows what it is, although everyone pretends to. Montenegro is mafia in a form of state, with one man ruling in past 27 years, a beacon of democracy in the Balkans. Macedonia is a country split in half. Its leaders recognized Kosovo independence, and will surely soon have to recognize half of their country disappearing under Albanian flag. Kosovo, which strived for independence for decades, is now a slightly larger military base. Main source of income for both Serbs and Albanians is drug money, and main source of fun is nationalist friction and few massacres, riots and church burning. It never achieved its independence, nor will it ever. Serbia is a country on brink of collapse. Nationalists parading as liberal proeuropean leaders hold every ounce of power. Country has turned into a parody of its formal self, with museums dead and reality shows as live as never before, we are marching without a doubt into EU, where no one seems to wait for us.

Many hated Yugoslavia for what it was, in it and abroad. Its existence was against all liberal agenda and western moldings. It had to be destroyed, and people here were all to ready to do the dirty work. Now, Yugoslav years are remembered as age of prosperity and safety, and live in our fond memories, never to return, at least not for now…

Aleksandar Topić – solidarnost.rs

Estados Unidos y la ruptura de Yugoslavia

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Tras la Segunda Guerra Mundial y la subsiguiente partición de Europa en dos bloques, el Estado Yugoslavo se encontraba en el corazón del Telón de Acero. El Partido Comunista de Yugoslavia ostentó el liderazgo del país tanto en la guerra como durante la guerra civil que la precedió, consiguiendo así crear una república socialista federal que sustituyó la vieja descentralizada monarquía anterior. El nuevo Estado Yugoslavo se convirtió así en una federación de seis repúblicas, al igual que un Estado-Nación de tres naciones distintas.

Tras el final de la guerra, y a pesar de llevar a cabo políticas socialistas como sus compañeros del otro lado del Telón, Yugoslavia prefirió liberarse de la presión de la Unión Soviética para convertirse en un Estado realmente independiente, al contrario que sus vecinos del Este (con la excepción de Albania). Esta situación permitió a Yugoslavia tener una posición única en Europa, pues era este para el oeste y oeste para el este.

Su economía mantenía también ciertas diferencias con las de sus vecinos comunistas, especialmente tras la ruptura con la URSS en 1948. Las empresas, a pesar de ser en última instancia, propiedad del Estado, estaban dirigidas de manera colectiva por sus propios trabajadores, guardando un gran parecido con los kibutz israelitas y las cooperativas industriales anarquistas de la CNT-FAI en la Catalunya revolucionaria. Con este modelo, Yugoslavia se convirtió en una economía planificada de gran éxito. En sus años más gloriosos tuvo un incremento anual del PIB del 5%, al poder comerciar tanto con este como oeste por la posición privilegiada mencionada antes.

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Tito con Stalin y Molotov.

En el frente político, tras la ruptura con la URSS, el líder yugoslavo Josip Broz ‘Tito’ intentó crear lazos con los países occidentales. De esta manera, el renovado Estado balcánico fue el primer país en abrir sus fronteras a los países occidentales en 1967, siendo Tito un invitado más que bienvenido tanto en USA como en la Europa capitalista. La política exterior yugoslava se basaba en el no-alineamiento,  doctrina creada por Tito y seguida por Nasri y Nehru. La Yugoslavia de Tito mantuvo un papel dirigente en el movimiento no-alineado durante su historia, creando una vía alternativa a la hegemonía estadounidense y su contrapartida soviética. Este movimiento presentó una gran oportunidad a diversos y variopintos países alrededor del mundo para escapar de la dualidad entre ambos bloques y la inminente Guerra Fría. Esta situación no impidió que tanto soviéticos como americanos toleraran y celebraran las políticas de Tito. Para empezar, posibles acciones comunes contra Yugoslavia serían tan inútiles como inimaginables, y un hipotético ataque unilateral estaba condenado al fracaso. Yugoslavia contaba con un increíble ejército y, además, con una fuerte industria armamentística propia que, unida a la vasta colección de armas importadas tanto de USA como de la URSS, hacían del poderío militar yugoslavo la envidia de medio mundo. Por otro lado, Estados Unidos veía en Yugoslavia un freno frente a la creciente influencia soviética. Muchos países socialistas o de corte izquierdista prefirieron participar en el movimiento no-alineado que cooperar estrechamente con la Unión Soviética. Y, finalmente, la Unión Soviética mantuvo una buena relación con Yugoslavia. Sus iniciativas en organismos internacionales como la ONU solían coincidir, y ambos Estados tendían a respaldarse el uno al otro, lo cual suponía el apoyo del movimiento no-alineado y, por tanto, una holgada mayoría en las votaciones. 4D308E38-131C-43BB-B7BA-868A83884AB6_mw1024_s_n

No obstante, la existencia de Yugoslavia pendía del estrecho hilo que la separaba de las dos superpotencias mundiales y, tras la repentina desaparición de una de ellas, la posición yugoslava comenzó a ser cuestionada.

En los 80, Yugoslavia se sumía en una profunda crisis económica y política tras la muerte de Tito, líder del país. Durante esos años los principales problemas del país, siendo el étnico principal, fueron escondidos bajo la alfombra. Mientras la economía se hundía año tras año, las tensiones étnicas proliferaban. En Kosovo, nacionalistas albanos y grupos terroristas pidieron la independencia de la región histórica serbia y la subsiguiente anexión a Albania; en Bosnia, la mayoría musulmana empezó a radicalizarse al calor de los movimientos extremistas islamistas creados por Estados Unidos en Afganistán; en Eslovenia y Croacia movimientos independentistas ganaron terreno al mismo tiempo que se sucedían conflictos entre eslovenos y croatas, mientras comenzaban a emerger también con la población serbia; en Serbia y en la capital de Yugoslavia, Belgrado, el nacionalismo serbio y el centralismo yugoslavo ganó apoyo, y el liderazgo serbio en la federación se mantuvo firme ajeno a cualquier tipo de reforma descentralizadora que calmara los ánimos en el resto de repúblicas balcánicas. Todo esto acortó la mecha de la bomba que era el Estado yugoslavo, para la cual los Estados Unidos tenía cerillas de sobra.

Para los americanos, Yugoslavia había servido su propósito por un tiempo, pero tras la caída de la URSS ya no tenía razón de ser. Durante un tiempo, USA mantuvo la ilusión de relaciones amistosas con Yugoslavia, pero en todo momento rechazó cualquier tipo de ayuda, ya fuera económica o política, hasta el punto de aprobar una ley que prohibía hacer tal cosa. En 1990 la URSS ya estaba de capa caída y las potencias capitalistas occidentales empezaron a financiar y armar grupos armados insurgentes en Yugoslavia. Alemania y Estados Unidos fueron los más generosos a la hora de proveer de armas a los separatistas croatas y eslovenos, mientras que las monarquías del petróleo árabe armaron a los musulmanes bosnios al igual que mandaron guerreros muyahidines. El escenario ya estaba puesto, solo faltaba algunas chispas para que el país ardiera en una sangrienta guerra civil.nato-go-home

La comunidad internacional jugó un papel importante en el conflicto al mantener la llama de la guerra viva durante varios años, especialmente en Bosnia. Alemania fue uno de los primeros países en reconocer las autoproclamadas repúblicas de Croacia y Eslovenia, antes incluso que USA. Los embajadores americanos en Yugoslavia primero callaron y luego mostraron su apoyo abiertamente a tales movimientos. La minoría serbia en Croacia se rebeló, concluyendo en una guerra civil en Croacia que se saldó con la expatriación de 200.000 serbios y un millar de muertos en ambas partes. En Bosnia, la guerra civil reventó el país y cosechó 100.000 muertos y 2.000.000 de desplazados. En ambos conflictos, USA dio apoyo a las fuerzas separatistas mientras que en Bosnia la OTAN se metió de por medio contra los bosnios serbios. La guerra finalizó en 1995, dejando la antigua Yugoslavia en ruinas. Sin embargo, otra guerra andaba al acecho. Cutro años después, bajo el pretexto del genocidio perpetrado contra los albanokosovares, la OTAN bombardeó Yugoslavia durante 78 días, después de los cuales la provincia sur de Serbia fue ocupada por efectivos de la misma. El acto final (por el momento, desde luego), fueron las sucesivas declaraciones de independencia de Montenegro y la conocida República de Kosovo.

El escenario que el conflicto dejó es terrible. En lugar de un estado multicultural, socialista, independiente y estable, hay seis antiguas repúblicas yugoslavas, independientes la una de la otra, pero protectorados del oeste (USA). Todas ellas sumidas en deuda, con economías que dependen completamente de materia prima exportada y bancos extranjeros que, gracias a su introducción al sistema capitalista, ni siquiera pueden dar pensiones que permitan vivir de manera digna. Croacia y Eslovenia son parte de la OTAN y tan independientes de USA como Texas. Eslovenia era la república yugoslava más próspera y rica, mientras que ahora es uno de los países más pobres de la Unión Europea. El litoral croata es casi completamente propiedad alemana, y su territorio y puertos dan cobijo a ejércitos extranjeros. Bosnia no es un país, un territorio o una entidad. De hecho, nadie sabe lo que realmente es, ni nadie lo intenta. Montenegro es un estado controlado por la mafia, liderado por el mismo hombre desde hace 27 años, el paradigma de la democracia

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Edificio en ruinas en el centro de Belgrado. Se mantiene así para mantener los bombardeos en la memoria.

balcánica. Macedonia está partida a la mitad. Sus líderes reconocen la independencia de Kosovo, y tendrán que reconocer pronto la desaparición de la mitad de su país bajo la bandera albana. Kosovo, que ha luchado por su independencia durante décadas, hace ahora las veces de base militar. La principal fuente de ingresos tanto de serbios como de albanos en Kosovo es dinero de la droga, y su mayor diversión sigue siendo las tensiones nacionalistas y alguna que otra masacre, revueltas y quemas de iglesias. Kosovo no ha alcanzado realmente su independencia, y nunca lo hará. Serbia es un país a punto de colapsar. Los nacionalistas desfilan mientras los líderes liberales proeuropeos ostentan todo el poder. Serbia se ha convertido en una parodia de lo que alguna vez, con museos totalmente parados y reality shows por doquier, marchando a pasos agigantados hacia la integración en la Unión Europea, donde nadie nos espera.

Muchos, tanto dentro como fuera, odiaron Yugoslavia por lo que representó. Su existencia estuvo siempre en contra de la agenda liberal y las exigencias occidentales. Tuvo que ser destruida y sus propias gentes estaban listas para hacer el trabajo sucio. Ahora, los años gloriosos de Yugoslavia se recuerdan como una época de prosperidad y seguridad que vivenen nuestras memorias para nunca volver o, al menos, no por ahora…

Aleksandar Topić – solidarnost.rs

«Rosebud»

“ROSEBUD”

Tal vez el título de este artículo te haya atraído por una asociación cinéfila que te haya hecho recordar la gran obra de Orson Welles, pero no escribo estas líneas para hablar de Ciudadano Kane, no, el título es simplemente un anzuelo, un símbolo que busca una atención. Si con éste título la he conseguido bienvenido y bienvenida seas.

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Como bien he dicho, no vengo a hablar de una obra en concreto, sino del cine, mejor dicho, el CINE. Es bien sabido que asistimos a un espectáculo de auténtica ruleta rusa cada vez que pagamos 6, 7, 8 o incluso 9 euros, que se dice pronto, para ver absolutos bodrios dentro de la sala; arriesgamos nuestro tiempo y dinero con el fin de ver un espectáculo audiovisual que nos llene como espectadores, pero en este momento, por desgracia, no suele ser así. Muchas veces me he preguntado qué le ha pasado a una forma de arte tan noble como las que se refugia tras el celuloide, pero nunca he sacado una conclusión tan clara como esta, estamos ante el triunfo del plástico frente al vidrio; y esto no se aplica solamente en el mundo de la lona y el proyector, sino que vale para todos los medios artísticos de masas, pero me voy a centrar en la “fábrica de sueños”.

Mucho se ha hablado y mucho se ha escrito sobre el cine, pero lo mío va a ser una reflexión personal sobre un tipo de arte que ha conseguido inundar salas de proyección, teatros, salones, e incluso habitaciones. Queramos o no, el cine ha formado parte de grandes eventos en nuestra vida; una quedada con amigos, un acercamiento a ciertas drogas, una lágrima, un abrazo protector, un beso, un polvo… Una banda sonora, un fotograma, una escena, o ciertas frases son elementos que nos han educado y nos han formado políticamente, moralmente, socialmente, emocionalmente; y nos han hecho soñar, nos han enseñado que todo lo imaginable se puede hacer realidad.

Lamentablemente, como todo, el cine ha sufrido su decadencia, y actualmente acudimos a un espectáculo que ya no busca llegar al espectador de la manera que lo conseguía antes. Ahora las grandes producciones tratan al “respetable” como un completo gilipollas del que lo único importante es que se deje entre 6 y 9 euros en una entrada y otros 5 en palomitas y bebida para ver ¿qué? …efectos especiales. Atrás quedaron los años de Hitchcock, Truffaut, Goddard, Welles, Kubrik… en los que importaba más el cuidado de cada escena, cada frase, cada acorde en la BSO, cada gesto, cada mirada… que un héroe (por no ponerle el súper) que suelta tacos cada media frase, explosiones cada diez minutos, slow motion, o un croma épico que consiga efectos visuales espectaculares.

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Asistimos a una violación del cine que conocíamos antes de la década de los 90, a una prostitución de un arte que formaba a personas degradado en una sucesión de hechos triviales que simplemente busca entretener. Y entretener no tiene por qué ser malo, pero se ha llegado a un momento en el que el espectador, en vez de completar el ciclo comunicativo, se convierte en un pasajero inerte ante una sucesión de hechos que le son completamente indiferentes. Se ha vulgarizado al espectador tal y como se le ha vulgarizado en la televisión, atendiendo al 5º principio de propaganda de Goebbels.

Toda propaganda debe ser popular, adaptando su nivel al menos inteligente de los individuos a los que va dirigida. Cuanto más grande sea la masa a convencer, más pequeño ha de ser el esfuerzo mental a realizar. La capacidad receptiva de las masas es limitada y su comprensión escasa; además, tienen gran facilidad para olvidar”.

De esta manera se ve la clara diferencia entre el cine del siglo XX con el del siglo XXI, donde nos encontramos con un cine que no innova, copia, busca la manera rápida de hacer dinero con películas cargadas de efectos especiales y vacías de contenido, personajes opacos, lejanos y reducidos al cliché absurdo, tramas simples sin elementos innovadores, remakes que rozan la vergüenza ajena, sagas interminables basadas en cómics o “best sellers” de moda, precuelas y secuelas de sagas que en su día funcionaban, pero que ahora son simples pretextos para un guion rentable, márquetin agresivo y sin escrúpulos. El cine de autor ha quedado reducido al mínimo y sólo se apuesta por directores que “venden”, la cartelera se plaga de superproducciones mediocres de las cuales las más inteligentes son para niños, la obsesión por la saga y la comedia americana se ha vuelto enfermiza y el cine europeo ha quedado como un viejo espejo de una manera de hacer cine que sólo gusta a pedantes, hípsters e “intelectualoides”.

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La “fábrica de sueños” ha abierto un ERE indefinido al arte y sólo ha dejado pequeños guiños de una época en la que brillaba cual estrella, para finalmente brillar como un neón cercano a una carretera nacional. Pero tal vez queda la esperanza en la frase “todo tiempo pasado fue mejor” y consigamos dejar atrás el plástico y volver al vidrio, volver a conmovernos como lo hicimos con El color púrpura, volver a sentirnos héroes como lo hicimos con Por un puñado de dólares, volver a sentir el suspense de Con la muerte en los talones, volver a enamorarnos como en Casablanca, pero, sobre todo, volver a ver el cine a través de los ojos de Totò en Cinema Paradiso.

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Jim Morrison: Rebelde e inmortal

En medio del ardiente fuego revolucionario y contracultural que surgió en Estados Unidos en los años 60, aparece la banda The Doors. Conocida hoy en día como una de las más legendarias bandas de rock de la historia. Sin embargo, consideraría un error etiquetar a este grupo bajo un solo estilo musical. Rock psicodélico y blues, con toques de jazz, y con un guitarrista con influencia flamenca, junto a la poética y rebelde voz de Jim Morrison, dan lugar a este grupo musical. El espíritu romántico y eternamente salvaje del cantante marcan la trayectoria de la banda.

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Morrison es considerado hoy en día como un símbolo de rebeldía y libertad. Sin embargo, es cierto que su figura se ha ido mitificando, se ha enfatizado y agrandado cualidades de su personalidad y dejando de lado otras esenciales. Está claro que la cultura de masas tiene un enorme poder para vaciar símbolos e importantes iconos de la historia. En el caso de Jim Morrison, se habla de una superficial leyenda del rock marcada por sus excesos, extravagancia y singularidad. Sin embargo, no hay que olvidar la faceta más humana e intelectual de este artista. Fue un conocido cantante consumido por la fama, pero también fue un cineasta, escritor, compositor y poeta hambriento de conocimiento y comprensión.

Somos consciente de que en el periodo de los años 60 drogas como el LSD se convertían en un arma experimental que abrían las puertas de la mente y percepción de muchos jóvenes artistas. Morrison era uno de estos artistas, sin embargo, su inspiración y la base que dio lugar a la creación de la banda The Doors fue la poesía. Para Morrison poesía era arma de consciencia, de libertad de expresión, su droga más pura. El nombre de la banda, propuesto por el cantante, tiene su origen en unos versos del poeta romántico William Blake: “Si las puertas de la percepción fueran depuradas, todo aparecería ante el hombre tal cual es: infinito.” Morrison poseía una gran sensibilidad romántica, y una eterna pasión por la poesía. Él mismo afirma:

… and that’s why poetry appeals to me so much – because it is so eternal. As long as there are people, they can remember words and combinations of words… so long as there are human beings, songs and poetry can continue. If my poetry aims to achieve anything, it’s to deliver people form the limited ways in which they see and feel.”

La influencia romántica no solo se percibe en su concepción inmortal de la poesía, sino también en la continua recurrencia a la infancia en sus poemas, la defensa del poder de la inocencia, y de la naturaleza, la corrosión de la sociedad de su tiempo, el anhelo de la libertad.

“…. Ceremonies, theatre, dances

To reassert the Tribal needs and memories

A call to worship, uniting

Above all, a reversion,

A longing for family and the

Safety magic of childhood”


“…keep off the walk

Listen to the children talk”


 “to feel on the verge of an exorcism

A rite of passage

To wait, or seek manhood

Enlightenment in a gun

To kill childhood, innocence

In an instant”

La banda nació tras un casual encuentro en una playa en California de Morrison con Ray Manzarek, un compañero suyo de la universidad. Ray, fanático de la música, enamorado del blues y el rock de la época, le propuso que cantara el poema que Morrison acababa de componer “Moonlight Drive”. Manzarek se quedó alucinado con el talento natural de Morrison y decidieron comenzar una banda. Así, Morrison a la voz y Manzarek al teclado, comenzaron con la banda junto con el guitarrista Robby Krieger, y el batería John Densmore. Así, en medio del ardiente barullo de los 60, The Doors decidieron encender su propio fuego y comenzaron con su primer tema Light my fire en 1966.

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Morrison comenzó los primeros conciertos con mucha timidez y dando la espalda al público. Sin embargo, conforme la banda comenzó a crecer, el cantante empezó a liberarse con la ayuda de alcohol y otras drogas, y la seguridad que la admiración de los espectadores le ofrecía. Sufrió una tremenda metamorfosis. El tímido e inseguro cantante se transformó en un artista salvaje, seguro y libre. El espíritu romántico del cantante se fusionó con una naciente actitud rebelde y salvaje. Con esta gran transformación de Morrison comenzaron los espectáculos de The Doors. hqdefaultSu adicción a las drogas se incrementó considerablemente, Jim comenzó a ser puro éxtasis en el escenario, a tener una actitud impredecible y salvaje. Nadie podía pararle. Hicieron conciertos en los que Morrison caía inconsciente al suelo del escenario, su mente volaba lejos de manera efímera, pero el espectáculo no paraba, sus compañeros improvisaban y seguían adelante con el concierto hasta que el cantante volvía de su viaje. Como se expresa en el documental We are Strange: “no importa lo alto que suba, sus compañeros están siempre para sujetarlo y que vuelva a la tierra.” Consciente o inconsciente, tenía el control pleno de la banda, era un leader, un chamán.  El mismo teclista del grupo afirmaba que Jim era “como un antiguo chamán que conduce a sus discípulos a mundos que jamás se atreverían a entrar solos” Morrison disfrutaba de ser el centro de atención, le encantaba la fama, “todo lo que hacía era para causar un efecto.”

THE doors – Live at the Bowl `68

En este climax de fama de The Doors, Morrison era inmortal, o eso creía el mismo artista. Su poesía refleja su actitud, su filosofía de vida en ese periodo, su defensa de la necesidad de liberación y la posibilidad de todo:

“I can make myself invisible or small…

I can change the course of nature….

I can perceive events on other worlds,

In my deepest inner mind,

And in the minds of others.

I can

I can”

Morrison hace numerosas referencias literarias, referencias a leyendas, memorias propias, etc. Su fuerte interés poético siempre está presente. En todo concierto Morrison recita, canta su poesía o improvisa versos en pleno escenario. En medio de la conocida canción The End, el cantante recita unos versos con referencia al complejo Edipo que llega a un momento culmen cuando grita:

“- Padre

– ¿Qué hijo?

– Quiero matarte

– Madre, ¡quiero follarte!”

Tras quedar fascinado con la tragedia griega Edipo Rey, Morrison le dio su propio significado. Para él matar al padre era acabar con todo lo socialmente preestablecido, con todas las cadenas que nos atan y nos obligan a ser marionetas. Mientras que follarse a la madre era volver al origen, a nuestra propia realidad individual, a estar en contacto con nosotros mismos. Esto era principalmente una manifestación de su pensamiento rebelde.

The Doors «the End» (Subtítulos en español) (min 8.20)

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En sus comienzos el cantante era como una figura contracultural alejada de la actividad política, sumergida en la poesía y en el éxtasis de la psicodelia, creando su propio mundo y abogando por la liberación individual. Sin embargo, ocurre un cambio en su vida. Morrison empieza a acudir a todas las performances de The Living Theatre. Este grupo de teatro experimental defiende en su manifiesto que “El cambio solo puede ocurrir con el rechazo a toda regla” Morrison se siente fascinado e influido por este grupo, confiesa que nunca había tenido nada que decir, hasta entonces. De repente, Morrison se vuelve agresivo y decepcionado con la inercia del público y las masas. En un concierto en Miami en 1969 Morrison ataca y grita a los espectadores: “MORRISON: ¡sois una banda de putos esclavos…cualquier cosa que os piden la hacéis, os pisotean…y os encanta!” El escenario es asaltado, el nuevo Jim provocador, agresivo y desilusionado queda arrestado. La canción The End refleja muy bien este último periodo de desilusión de su vida.

Lost in a Roman wilderness of pain

And all the children are insane, all the children are insane

Waiting for the summer rain, yeah

There’s danger on the edge of town

Ride the King’s highway, baby ….

This is the end, my only friend, the end

It hurts to set you free

But you’ll never follow me

The end of laughter and soft lies

The end of nights we tried to die

This is the end

Decepcionado y vencido, su espíritu romántico comenzaba a desvanecerse. De pronto Morrison “se da cuenta de que no es invencible.” En 1971 la fama y las drogas dieron final al potencial intelectual y rebelde del gran artista.

Hoy, Morrison permanece inamovible en su categoría de gran leyenda del rock y englobado en El club de los 27. Grupo que comprende a las grandísimas estrellas del rock que murieron a la prematura edad de 27 años debido al abuso de drogas y alcohol. De este modo, Morrison se encuentra entre las grandes leyendas musicales como Brian Jones, Janis Joplin, Jimi Hendrix, y a los que finalmente se les unió Kurt Cobain.

Tenía razón el cantante cuando afirmaba en sus versos que; todo está roto, quebrado, pero sigue danzando. Su figura fue intensa y efímera, pero su música y visionaria poesía sigue sonando potente, con fuerza.

“forgive me father for I know

What I do.

I want to hear the last poem

Of the last poet.”

Virginia Sainz

Andrea y Magdalena de Cervantes

No sabía si escribir esto o no. En parte porque de Miguel de Cervantes se habla mucho y se aporta poco, y en parte porque se trata de una cuestión en la que fácilmente se puede caer en el simplismo o, por el contra36354195rio, en lo rebuscado. Yo procuraré evitar ambos errores, pero no puedo prometer nada.

 Si finalmente me decidí a escribir este artículo es porque siempre que leo sobre «las mujeres de Cervantes», termino con acidez en el estómago. Quienes se creen con autoridad de debatir sobre el tema, adivinen, suelen ser  hombres. Y el hecho de que sean los hombres los que hablan sobre las «mujeres de Cervantes» hace muchas veces que las mujeres giren en torno a Cervantes, por un lado; y por el otro, y aun cuando intentan hacer una especie de ensalzamiento feminista cutre, no pueden evitar ser insufriblemente falocéntricos. Por poner un ejemplo:

Las mujeres de Cervantes suponen un cambio radical de las estructuras machistas de la época. Son unas perfectas conocedoras de las debilidades del hombre y las aprovechan pero, son, sobre todo, mujeres que no están dispuestas a llevar una vida de esclava sin la libertad que su inteligencia, y su cuerpo, les permite.

No creo que haga falta enfatizar demasiado en el contexto: finales del siglo XVI, las mujeres «honradas» podían casarse o meterse a monjas. Las demás tenían un abanico de posibilidades, no todas demasiado malas, pero sacrificaban su reputación en menor o mayor medida. Legalmente, una mujer perdía derecho a sus propiedades al contraer matrimonio, pero las hermanas de Cervantes no tenían nada que heredar, y en caso de haberlo hecho, las propiedades hubiesen sido para Miguel, el primer varón de la familia. No tiene importancia, los Cervantes siempre malvivieron gracias a fortuitos regalos de la vida que les permitieron irse abriendo paso.

 Pone un penoso texto —con los logos de Comunidad de Madrid y de Museo Casa Natal de Cervantes, grandes y visibles en la cabecera— que

ninguna de las hermanas de Cervantes se casó, lo que no quiere decir que no tuvieran relaciones con hombres. De hecho, las hermanas de Cervantes, siguiendo quizás la tradición de su tía abuela, mantuvieron su independencia económica, lo que en su época sólo se podía conseguir aprovechándose de los hombres.

Obviando que lo de la tía abuela es innecesario y que lo único que dice el párrafo es que las hermanas Cervantes no eran alienígenas, quisiera decir, en primer lugar, que «aprovecharse» me parece una elección de verbo insultante —por no decir idiota— para describir la situación. Ni Andrea ni Magdalena se aprovechaban de los hombres, sino que recibían, a veces, dádivas mientras mantenían relaciones con ellos. No pretendo maquillar la realidad: puedo decir, abiertamente y sin pudor, que Andrea y Magdalena tenían algo de cortesanas —sí, tercera acepción—, pero eso no es aprovecharse de nadie —¿no es eso, en esencia, lo mismo que casarse, como hizo Miguel, con una mujer por su dote?—.

Aquí, creo, cabe una mención honorífica al otro bando, ese que quisiera erradicar cualquier tinte de «prostituibles» de los nombres de las hermanas «de» Cervantes —creo que es el mismo bando que no quiere ni imaginarse la posibilidad de que Miguel fuera judeoconverso o que a veces se acostara con hombres—.

En segundo lugar, cuando hablamos de la elección de vida que hicieron ambas hermanas, no deberíamos permitirnos ningún tono moralizante. La cultura de los siglos XVI y XVII, por más que Fray Luis proyectara a su perfecta casada como mujer privada de libertades —«como son los hombres para lo público, así las mujeres para el encerramiento; y como es de los hombres hablar y salir a la calle, así es de ellas encerrarse y callarse»—, no era precisamente «casta». Las cifras de hijos fuera de matrimonios y el arrebatador éxito de las comedias de temática adúltera —sin públicos escandalizados— son pruebas fervientes de ello.

Andrea y Magdalena no se casaron ¿y qué? Sí, eso suponía renunciar a toda estabilidad social y, especialmente, económica; y precisamente por eso creo que es un problema muy básico que sigamos dándole más importancia a que consiguieran ayuda económica a raíz de sus relaciones privadas, que al hecho en sí: que rechazaran, conscientemente, un esquema impuesto que negaba a los individuos las libertades más esenciales del ser humano, especialmente a las mujeres.

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 Tener el valor de no casarse, en tiempos de crisis y oscura autoridad, sabiendo que ante ti se abren años interminables de absoluta incertidumbre y desprotección, es admirable. Si ellas se ganaban el dinero haciendo labores a domicilio o recibiendo regalos de sus novios, no solo no tiene ninguna relevancia, sino que refleja un lado práctico de sus personalidades que creo, en serio, parte de la esencia natural de todos los seres humanos. Así que, felizmente, concluyo: Andrea y Magdalena eran humanas —de nuevo—.

Creo que el estilo de vida que llevaron los tres hermanos es fascinantemente común y mundano. Vivieron en malísimas condiciones, se mudaron en varias ocasiones, compartieron una pequeña casita con un montón de primas, las hijas ilegítimas de Andrea y de Miguel —aunque el otro bando insiste mucho en que Isabel era en realidad de Magdalena—, y sepa dios quién más. Eran unos marginados a quienes los vecinos tenían manía —incluso intentaron culparlos de asesinato en una ocasión—; Miguel, ante su miseria económica, intentó irse a las Indias en dos ocasiones, y en dos ocasiones fue rechazado. En definitiva, se trata de una familia con preocupaciones mucho más terrenas que aquellas relacionadas a la honra, a las preocupaciones artificiales impuestas por la moral católica. Este estilo de vida, quizás inevitable para Miguel, quizás «voluntario» para Andrea y Magdalena, es una reivindicación de la libertad: libertad a cualquier coste.

Sabemos que el discurso sobre la libertad es importantísimo en la obra de Miguel. Y me molesta que, cuando se ha intentado reconocer la contribución de ambas hermanas en su literatura, con frecuencia se ha caído en un error de dimensiones: la dimensión de la ficción y la dimensión de la realidad. Claro que la vida privada de Miguel influyó fuertemente en su obra, pero por dios, no nos olvidemos, por favor —parece muy evidente, pero es frecuentemente pasado por alto— de que Andrea y Magdalena no fueron quienes fueron, mujeres valientes y modernas, por ser hermanas de Miguel. No son sus personajes, ni necesitamos atribuirle, en este aspecto, ninguna victoria a nuestro autor, ningún reconocimiento —de esos, con su sola obra, le sobran—. No podemos poner a Andrea y Magdalena en el plano de Leonora, Luscinda o Marcela la pastora.

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Yo nací libre, y para poder vivir libre escogí la soledad de los campos. Los árboles destas montañas son mi compañía, las claras aguas destos arroyos mis espejos; con los árboles y con las aguas comunico mis pensamientos y hermosura.

Los tres, Andrea, Miguel y Magdalena, hermanos inteligentes, sensibles y adelantados, convivieron durante años bajo el mismo techo, se cuidaron los unos a los otros—ellas aportaron una importantísima suma de dinero al rescate de Miguel y Rodrigo, con la ayuda de su madre— y se divirtieron juntos. Parece que construyeron una relación basada en el profundo respeto y la auténtica comprensión, una relación en la que tuvieron mucho que reír, sufrir y aprender juntos.

El tergiversar el recuerdo de Andrea y Magdalena —tanto trayéndolas a menos al castigar sus decisiones personales, como trayéndolas a más para poder, así, y a través de sus personas, exaltar más a nuestro héroe Miguel— no solo es un error que debería considerarse completamente desfasado en estos tiempos, sino que es perjudicial para estudiar al autor. Nos aleja de lo que defendía a raíz de su genuina comprensión y sincero respeto hacia las mujeres: a veces sus cómplices, a veces sus amigas, pero, fundamentalmente, sus iguales. Así serán retratadas en su obra: heroínas y estandartes de los más altos ideales cervantinos.

Intelectuales orgánicas y la torre de marfil

Hace una semana acabé el trabajo de final de carrera. Pese haber escogido un tema fascinante como es el postcolonialismo, mi sensación al entregarlo fue más liberadora que placentera. No llegué a disfrutar. La novela se llama Matigari, y está escrita por el escritor keniata Ngugi wa Thiong’o’. Básicamente, Matigari retrata la continuación del colonialismo en la Kenia posterior a la independencia y, además, da una alternativa socialista para el país en la que todos y todas caben. Y no solo eso, sino que está escrita en un lenguaje oral y sencillo accesible para que lo entienda cualquier persona, desde el obrero urbano hasta el campesino. Vamos, una llave de palabras para liberarse de la esposas de la colonización mental. Y, aún así, hacer este trabajo supuso una carga y no un placer.

Algo de culpa la tiene un texto que leímos en la clase de Raza, Género y Sexualidad en este curso de Filología Inglesa. Su nombre era “Intelectual Orgánica Certificada”, de Aurora Levins Morales. Una pasada, increíble. culturaSi tenéis oportunidad, leedlo, seguro que lo encontráis en pdf por internet. Volviendo al tema, Morales es una académica anti-academia, una intelectual orgánica. Me explico. Ella critica la separación entre la realidad y lo académico, señalando la creciente brecha que se abre entre el mundo real y sus gentes y los que pretenden escribir sobe ellos. Para ello, relata su experiencia feminista en Estados Unidos, en la que destaca el sentimiento de sororidad que se crea al juntarse con otras mujeres y discutir sobre cómo sufren los problemas del patriarcado. Hablaban, se escuchaban, reflexionaban, sentían, se emocionaban, empatizaban las unas con las otras. Y aprendían. Y hacían que otras personas aprendieran y se sintieran parte de un grupo que las apoyaba en el que se sentían cómodas. Es decir, que creaban conocimiento a través del grupo, de lo colectivo, formando lazos no solo culturales sino afectivos y fraternales. Precisamente Ngugi, además de escribir Matigari¸ se dedicó a ir por las zonas campesinas a hacer teatro. Algo así como La Barraca de Lorca y compañía. Iba por los pueblos y aldeas haciendo reír –y pensar– a la gente, quienes actuaban en las obras que ellos mismos producían y dirigían. Haciéndoles partícipes de la riqueza cultural del país, con numerosas etnias, lenguas y tribus. Otro intelectual orgánico.

tumblr_inline_ngjaooJ9kk1t6xke1Hace un mes, con el Word abierto y el contador de palabras de mi trabajo final en 400, no se me quitaban Aurora Morales y Ngugi de la cabeza. Joder, qué sensación tiene que ser crear y compartir conocimiento con otras personas, sentirse parte de una comunidad viva y vibrante, crear cultura desde abajo. Vamos, que ser un intelectual orgánico –o una, en el caso de Morales- debe ser increíble. Pero la realidad apartaba de un empujón a Morales de mi mente y fijaba mi atención en el pdf de estudios postcoloniales de la pantalla. Mucha mierda con muchas sílabas y muchos –ismos. Lo de siempre. La vista se apartó sola de la pantalla y se clavó en la imagen de Holden Caulfield que tengo tras el escritorio. Naturalmente, los recuerdos asociados a Holden –protagonista de El Guardián entre el centeno– afloraron en un tono rojo y gris. Aquel héroe de la adolescencia temprana que, entendiéndolo con perspectiva, no me parece tan heroico, aún teniéndolo grabado a tinta en la piel. Ese personajillo que tanto me cambió, del que tanto he hablado y al que tanto le debo. Los que me conozcan lo sabrán, soy un poco chapas. Y bueno, me encendí. agnanterre_68_425.jpgJoder, imagínate la cantidad de gente que andará escribiendo gilipolleces sobre Holden con teorías complejas, de esas rollo freudiano guay, que no llegan a nadie. Que no hacen partícipe de lo que representa Holden ni contagian esa sensación antisocial tan propia de la novela de Salinger. Y me di cuenta que, para una persona apasionada por Matigari  –la novela de mi trabajo– yo sería un gilipollas. Y me sentí un poco imbécil. Me imagino a un chaval keniano sufriendo la injusticia del Estado neo-colonial de Kenia (¿no ves? Si es que mira como escribo…) mirándome mientras escribo palabrería rimbombante tomándome un café en mi habitación. Aquí, cómodo  junto a mi mesita del té, mi ordenador y mis libros de teorías postcoloniales, mientras él sufre una realidad tan dura como la de la Kenia postcolonial. Como es obvio, pensaría que soy gilipollas. Y me sentí totalmente lejano y ajeno a la realidad que Ngugi critica y a la alternativa que propone. Yo solo, escribiendo en un lenguaje que comprenderán cuatro académicos a los que les interese esto y que a saber quién lo leerá (si alguien lo hace). Así no se transmite nada. Así solo se empaqueta una reflexión que yo hago y se la embadurna de palabrería que priva a la mayor parte de la gente de su comprensión.

Yo, voluntariamente, estaba envasando al vacío mis reflexiones y sentimientos ligados a la novela, fruto de mi pasión por el tema y mis ideales socialistas, para alimentar la bestia de la academia. Ahí estaba yo, en mi escritorio, enarbolando la bandera roja sentadito cómodamente citando a Gramsci y Fanon de manera enrevesada para que, al final, no lo lea nadie. Ahí, traduciendo mi pasión por la libertad y la justicia a un lenguaje que más que comunicar, confunde. Contribuyendo al empaquetamiento del conocimiento para su posterior venta en repositorios de ensayos académicos. Poniendo mis conocimientos fuera del alcance de la gente de mi clase social: la obrera. Es decir, actuando contra mis principios. Así, me di cuenta de que la pasión, el amor y los ideales no se transmiten en formato MLA, Chicago o APA. b59165e6bc2efdb492777048a6363b66.500x334x1

La realidad revestida de un halo sabiondo y profundo solo sirve para que unos pocos se sientan superiores en su torre de marfil y para que separen la cultura de la gente a la que le pertenece. Un ensayo académico nunca podrá sustituir una conversación apasionada sobre política o literatura en la que transmites más con la mirada que con las palabras. Y es que, joder, he aprendido más tratando de entender a un mendigo en el metro de Budapest que leyendo artículos académicos, memorizando apuntes para vomitarlos en un examen –que esa es otra– o escribiendo un paper. He tenido conversaciones usando las manos con ancianas bielorrusas que me han enseñado mucho más que clases en las que el profesor lee un Powerpoint. No es que quiera tirar los cimientos de la academia, sino sacarla de lo más alto de la torre de marfil en la que se hospeda y bajarla al suelo. Al llano. Con nosotros y nosotras.

Más coloquios, debates, lecturas, charlas. Más crear desde abajo y para los de abajo. Más participación, colectividad y comunidad. Unámonos todos, criaturitas del señor, cerveza en mano, sedientos de saber y ansiosos de crear, con el éxtasis de la curiosidad y tics visionarios estremeciéndose en nuestro pecho. Creemos, compartamos, sintamos. Y derribemos juntos la torre de marfil.

Carlos Léaud

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Reseña de «Los Reyes del Baile»

Los Reyes del Baile es una obra de microteatro dirigida por Víctor H. Blanco con guión de Carlos Campuzano. Se puede ver en la Malhablada, con pases de jueves a domingo a partir de las 20h. Se trata de una comedia light, desenfadada, ambientada en el típico baile de fin de curso de instituto yankee. La semana pasada asistimos a su representación, de la cual destacamos su ambientación: esa clásica ball norteamericana con su ponche, vestidos de gala y superficialidad. Los personajes son un reflejo de la juventud estadounidense –y por extensión occidental- de un marcado carácter banal. La presencia constante de las redes sociales durante la obra refleja el sobreuso de las mismas y nuestra dependencia sobre las mismas. De hecho, sin hacer spoiler, los creadores han sabido llevar esa importancia de las redes sociales fuera de la obra haciendo partícipe al público, demostrando que teatro y realidad son perfectamente compatibles. En cualquier caso, si os animáis a verla podéis hacerlo en la Malhablada los dos jueves que le faltan al mes.

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Tu Universidad: Por un mundo sin vacunas.

    El espacio público, donde se dialoga y se construye, está sometido a continuos ataques por parte de aquellos cuyo objetivo no es el bien común sino el beneficio propio. Así en la Atenas de Sócrates aparecieron los sofistas, que cobraban por enseñar a triunfar en política; así en las asambleas del Movimiento 15-M Arturo Pérez-Reverte comprobó “cómo el demagogo ocupaba el lugar, cómo el discurso retórico sustituía al discurso racional, cómo el más populista y el más bruto sustituía al más listo.”

En el estudio de la salud humana, la viruela -erradicada ya- se considera una de las enfermedades más terribles de la historia: fue devastadora desde que surgieron las primeras poblaciones, asoló Europa durante miles de años y de la mano de Hernán Cortés hizo lo propio en el continente americano –siendo incluso más efectiva que su ejército-. Algunos cálculos estiman que durante el siglo XX las muertes por viruela ascendieron a más de 300 millones de personas. No obstante, mucho antes, a finales del siglo XVIII, el científico inglés Edward Jenner –cuya “existencia la humanidad no podrá olvidar”, dejó escrito Thomas Jefferson-, ya había elaborado la primera vacuna contra la mortal infección, pero esta práctica de inmunización no estaba aceptada por la comunidad científica de la época.

En la actualidad, las vacunas son aceptadas por la comunidad científica y han conseguido que, en países desarrollados, olvidemos enfermedades otrora temibles. Lamentablemente, en los países empobrecidos se producen numerosas muertes por infecciones prácticamente ausentes en los países ricos; de hecho, se estima que más de cuatro mil niños mueren cada día por falta de vacunas. La práctica de la vacunación, en estos países empobrecidos, hace frente a tres importantes obstáculos: el coste económico, mantener la viabilidad de las vacunas desde su fabricación hasta su uso, y superar el rechazo y desconfianza de la población hacia las mismas.

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En las sociedades avanzadas hay modas que obedecen única y exclusivamente a la estupidez humana. En 2014 se supo que en los barrios ricos de Los Ángeles (Estados Unidos) el porcentaje de niños sin vacunar era similar al de Sudán del Sur, uno de los países más pobres del mundo. De este modo, el  movimiento anti-vacunas ha conseguido que la tos ferina, el sarampión o la difteria, enfermedades prácticamente erradicadas en países desarrollados, hayan reaparecido con casos mortales.Y es que mientras voluntarios y cooperantes dan su vida para llevar las vacunas a los lugares más necesitados del planeta, otros ponen en riesgo la suya y la de los demáspor ignorancia.

La ignorancia patente de la ciudadanía en temas científicos de importancia vital es aprovechada por ciertos colectivos para imponer sus intereses. En España, el movimiento anti-vacunas lo lidera La Liga para la libertad de vacunación, cuyo máximo exponente es Xavier Uriarte. Uriarte asegura, en una entrevista, que “lo mejor que podemos hacer en salud pública es no vacunar.” Entre sus argumentos, que son asunciones infundadas, la relación entre vacunas y daños neurológicos, autismo, enfermedades tumorales y, para rizar el rizo, retrasos evolutivos. Tales lúcidas conclusiones le han permitido ser co-coordinador de cursos de “medicina naturista” en la Universidad de Barcelona y en la Universidad de Girona.

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Uriarte se opone a la “medicina oficial”, la cual, según los defensores de terapias alternativas, manipula la información y excluye otras prácticas para mantener su estatus. Conciben la “medicina oficial” como un ente discriminador y totalitario que no admite puntos de vista diferentes. Pero lo cierto es que estos defensores de lo alternativo pretenden dominar el espacio público -donde también cabe la opinión de las minorías- sin someterse a sus exigencias: el análisis exhaustivo y la crítica racional.

Y es fácil entender el porqué de esta actitud huidiza frente a la razón crítica. Valga como ejemplo las afirmaciones de Xavier Uriarte explicando, sin ninguna evidencia, que “no han sido las vacunas las que han hecho disminuir las infecciones” sino que se debe a factores como “la baja demografía y la gran entrada de sol” y “el fenómeno de la violación”; o que “la gripe es un proceso metabólico que necesita el cuerpo.”

Por tanto, sorprende conocer que muchas universidades españolas hayan ofertado cursos de terapias alternativas y otras pseudociencias, si bien la oposición de la comunidad científica ha conseguido mayoritariamente su cierre y trata de evitar la incorporación de otros nuevos. Algunos de los “logros” de los defensores de terapias alternativas son: el máster en Medicina Naturista en la Universidad de Barcelona -que se cierra este año-, el máster de Medicina Naturista, Acupuntura y Homeopatía en la Universidad de Valencia, que tuvo hasta nueve ediciones -la última terminó en 2015-; el curso de Especialista Universitario en Homeopatía en la Universidad Pública de Navarra -tuvo fin en 2010-; otros cursos de pseudociencias tuvieron lugar en la Universidad de Zaragoza, en la Universidad de Córdoba, en la UNED y también en la Universidad de Salamanca.

Llegados este punto, cabe preguntarse cuál es el objetivo de esta apropiación por la fuerza del espacio público. La Liga para la libertad de vacunación cuenta con la Red Española de Información sobre las Vacunas, compuesto por personas que, casualidad, poseen clínicas de homeopatía y otras terapias alternativas. Haciéndome pasar por un futuro padre pregunté por correo electrónico a algunas de estas personas si debía o no vacunar a mis hijos.

Jesús Gil Moreno, que se presenta como osteópata y posee una clínica en Logroño, asocia la vacunación con daños cerebrales  y deficiencias mentales “un 99% provocadas por las vacunas.” A mi pregunta sobre los casos de muerte de niños no vacunados publicados por los medios, Jesús Gil se limita a contestar que “los medios de comunicación venden noticias verdaderas y falsas” y que yo no sabría distinguir unas de otras. Por otra parte, Andrés Ursa Herguedas, homeópata en Valladolid y que ha participado en una ponencia sobre terapias naturales en la Universidad de Salamanca, me ofrece una asesoría informativa por 20 €, y por 50€ un estudio clínico con fines preventivos.Ya para terminar, Joaquín Peleteiro Bandín, homeópata en Palma de Mallorca, me asegura que puede proporcionar un tratamiento homeopático como alternativa si decido no vacunar a mis hijos: dos o tres sesiones a intervalos de entre uno o dos meses, a 80 € cada visita.

           Entiendo.

Juan Andrés Moriano