El androide-ahí: ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? Vs. Blade Runner.

 

En 1982 Ridley Scott revolucionaba el mundo del cyberpunk a través de una de las grandes obras maestras del cine, Blade Runner. Basada en la novela del norteamericano Phlillip K. Dick ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, Blade Runner explora la condición humana, desplazando el ser ahí heideggeriano, al ser allá en el postapocalíptico 2019. A pesar de la libertad con la que Scott ejecutó esta adaptación, no debemos entender el filme como algo ajeno a la novela, sino como el tejado y las paredes que se sustentan sobre los cimientos sólidos y bien contorneados que Phillip K. Dick construyó allá sobre el año 1968.

Ambas relatan grosso modo la caza o retiro de los Nexus-6, androides fugitivos de la colonia de Marte que pueden suponer un peligro para las personas que han permanecido en el planeta Tierra. Y, hasta ahí, aparentemente, las similitudes. Scott introduce nuevos elementos y suprime otros de la novela que no consideró relevantes para proyectar los conflictos morales, existenciales y metafísicos que encierran ambas obras.

Espacio y sociedad se unen formando una masa densa, gris y decadente. El humo del tabaco, la polución, la lluvia, y en el caso de la novela, el polvo, maquillan una atmósfera pesada y tóxica que impide sentir toda posibilidad esperanzadora de futuro para unos individuos iluminados por el neón. El edificio industrial se disuelve en la neblina férrea que provocan la burocracia, la convención social y la publicidad inherentes a un sistema capitalista del que solo queda el poso nihilista de la compraventa. Las personas caminan ensimismadas en su alienación en la calle bajo anuncios que ora gritan y advierten «¡Emigra o degenera! ¡Elige!» ora parpadean ansiosos una invitación a disfrutar la vida culminando en el absurdo y el patetismo.

blade_runner2

Todos los grandes relatos e ideológicos se han fundido en ese cielo sin Sol. Nada vale, nada sirve. El Mercerismo, religión pseudocristiana que preconiza la resurrección de todo ser vivo en ser eléctrico de forma subliminal, resulta ser una proyección fantasma. Wilbur Mercer el amado redentor con el que se comparte el dolor que sufrió a pedradas cuando resucitó resulta ser un androide que es imagen y semejanza de un actor alcohólico de Hollywood. Cuando esto se descubre, se derrumba el único pilar ideológico que aliviaba el peso de la vida de los terrícolas. Scott obvia el Mercerismo, pero impone en cada habitación una pantalla de televisor que siempre encendida, nunca emite. En ese mundo ya no existe, pues, ni un resquicio al que el ser humano se pueda aferrar.

Si algo diferencia el filme de la obra es la introducción del género negro que levanta y engrandece la narración más bien lineal y algo tosca ,aunque salpicada de diálogos sublimes, de la que hace gala un Phillip K. Dick al que casi únicamente interesa mostrar ese futuro alienado. Un Rick Deckard casado y orgulloso, al principio, de su trabajo se convierte en el detective arquetípico de la novela negra al uso de El Agente de la Continental; un hombre ebrio, seductor, pesimista y derrotista pero pertinaz y constante en su trabajo. Y como en un buen relato negro no puede faltar un seductora e hipnótica femme fatal, Scott moldea la androide Rachel Rosen hasta conseguir de ella una mujer a la que no le importa empuñar una pistola. Triste y melancólica Rachel proyecta desde ella todo un conflicto moral y existencial al saberse androide, lo que hará que inmediatamente tanto el Rick de la novela como el de la película empaticen con ella sin escrúpulos, en parte por la atracción sexual, en parte por la identificación bidireccional que se da entre ellos.

El bizcocho borracho que sustenta este decorado, que aunque profundo y complejo, es secundario, se compone de pensamientos metafísicos, existencialistas, darwinistas, morales y ontológicos a partes iguales. La empatía actúa en ambas obras como una masa madre que amalgama y fermenta estas ideas. En este juego entre lo artificial y lo humano, empatizar se vuelve necesario para ser considerado ser humano de primera categoría, de segunda, o androide. En el libro Rick se desquicia progresivamente en su busca de un animal real que pueda sustituir a su oveja eléctrica a la que aborrece pero alimenta por miedo al qué dirán vecinal. Scott elimina esto del filme y va directo al meollo. El ser humano se deshumaniza a través de actos mecánicos, rutinarios, consecuencia de la resignación ante su situación presente. Los androides Nexus-6 al descubrir que van a morir, solo tienen cuatro años de vida, inician ese viaje hacia la Tierra, en busca de una cura, en busca, en definitiva, de una solución que revierta su situación. Así los androides lloran la pérdida de sus compañeros, se preguntan sobre la moralidad de sus actos, y discurren sobre su propio origen, cuestiones que ya el individuo humano ha dejado de preguntarse. Phillip K. Dick establece un paralelismo total entre humano y androide a través del darwinismo en el momento en el que Rick repara en que quizá los androides Nexus-6 sean pseudoanimales superdesarrollados. De esta manera, nos encontramos con que el androide quiere buscar a quien lo creó para echarle en cara los fallos de su creación, para expresar que no desea su condición, que no eligió ser creado, que no quiere morir. Al encontrarse con la simplista aunque cierta respuesta «La vida es así.» Roy Batty líder de los androides incurre en el parricidio, mata a su padre a su creador, como acto y último y final de rebeldía de su existencia.

blade_runner___roy_batty_by_michau741-d8legae.png

Novela y película muestran, pues, al androide-ahí, como un ser que no eligió su morfología de cables y conexiones eléctricas destinadas a perecer. Un ser que no es solo droide sino que ha desarrollado toda una serie de pensamientos propios, como el ser humano lo hizo antes de que el mundo capitalista se autodestruyera. Estas ideas se desgranan de forma brillante en un rosario que implica mucho más que la imagen en la pantalla o la tinta en el papel.

 

 

Entrevista a la Asociación Vecinal ZOES: desde 1977 «haciendo barrio, haciendo ciudad»

DSC_0088 (2)

Creo que no me equivoco cuando digo que el Barrio del Oeste es, actualmente, el más emblemático de la ciudad: es ejemplo de participación ciudadana, de renovación y de contraste de la vieja Salamanca.

En 8ctubre, interesados por su trayectoria y personalidad, hemos entrevistado a la Asociación ZOES, causa y consecuencia a la vez de la efectiva organización vecinal y del crecimiento del Barrio del Oeste.

Aquí están los sitios de la Asociación vecinal ZOES. Te recomiendo echarles un vistazo: página web y página de Facebook

DSC_0096 (2)

¿Cómo y hace cuánto surgió ZOES?

Todo comenzó en el año de 1977. Un grupo de personas nos reunimos para enfrentar dos problemas cruciales: calles sin asfaltar y falta de agua. Nos organizamos bajo el nombre de ZOES (siglas de Zona Oeste) para tener voz en el Ayuntamiento. La asociación fue abriéndose paso poco a poco con mucho tiempo y esfuerzo: nos reuníamos en el local de la planta baja de la parroquia de Santa Teresa, comenzamos a editar una revista para mantener a los vecinos informados acerca de los trámites y quejas al Ayuntamiento (Papeles de ZOES y Barros). Una de nuestras primeras actividades fue la de crear un rastro. A pesar de que el Ayuntamiento, en su momento, no nos dio permiso, lo hicimos de todas formas. Poco a poco el rastro se volvió famoso en Salamanca hasta que tuvo que ser desplazado por falta de espacio. Se puede decir que así fue como empezó todo.

¿Ha cambiado el barrio desde que se creó la asociación?

¡Claro! Los tiempos cambian y el barrio también. No tanto en su morfología sino en la evolución de la vida misma, de las maneras de vivir y convivir.

DSC_0111 (2)

¿Crees que la actividad cultural que aporta ZOES al Barrio del Oeste está contribuyendo a que se vuelva un barrio de moda?

Las cosas están cambiando, es evidente, y lo es también que el movimiento genera más movimiento. Nuestra apuesta es contribuir al desarrollo social y económico del barrio a través de la cultura en pos del progreso de los niveles de calidad de vida y bienestar social. Si eso tiene como consecuencia que se pueda convertir en un barrio de moda, ¡estupendo!

¿Hay ahora más estudiantes, movimiento y actividades?

Según la propia universidad, somos el barrio con mayor número de estudiantes universitarios y, según nos comentan, esto es una tendencia cada vez mayor, la de vivir en el Barrio del Oeste. De todo ello se deriva mayor movimiento y actividad a todos los niveles.

DSC_0108

¿Esta asociación trabaja en conjunto con la comunidad universitaria o la colaboración se basa únicamente en la vecindad?

No hay distinción, los estudiantes universitarios que residen en el barrio son también vecindad. Tenemos una distinción positiva hacia ellos en la fiesta September Fest que trata de acogerlos a comienzos de curso, para que sepan en qué barrio se encuentran, y que lo vivan y convivan en él

Sobre el proyecto de arte urbano, ¿nos puedes comentar un poco en qué consiste y cómo fue el proceso de desarrollo?

Es un proyecto transformador y de apuesta por el arte urbano, por la cultura a pie de calle, por los jóvenes artistas. Primeramente, se planteó a través de las puertas de garaje —en el Barrio del Oeste hay más de 500—. A partir de ahí ha ido evolucionando no sólo con jóvenes artistas, sino con otros artistas consagrados con mayor trayectoria que han plasmado sus obras en muros y paredes medianeras.

¿Por qué llevar el arte a la calle?

Por y para acercarlo a la vida diaria como parte del ir y venir a pie de calle, de vida, de barrio. Atrás quedó el arte encerrado entre paredes en espacios concretos. El Barrio del Oeste ha democratizado el arte; aquí, ahora, las paredes hablan y se han convertido en una obra de arte como ejemplo vivo de arte urbano.

DSC_0099DSC_0080 (2)DSC_0100 (2)

¿Cómo encontrar artistas y espacios para llevar un proyecto así a cabo?

Es una tarea compleja que presentar porque cada caso, cada “lienzo” y cada artista tiene sus particularidades. En general, se puede decir que el Barrio del Oeste es ya una Galería Urbana que acoge un centenar de obras de arte urbano, una galería abierta durante todos los días del año, las 24h del día

¿Y la obtención del material?

El material depende de lo que cada obra requiera. Se cuenta con la aportación de los vecinos y de la Asociación Vecinal ZOES.

Sorprende pensar que un proyecto de esta naturaleza haya sido aprobado en una ciudad como Salamanca. ¿Hubo respaldo del Ayuntamiento?

El Ayuntamiento lo ha incorporado como recurso turístico, y eso es muy importante, ya que complementa la oferta turística de la Vieja Salamanca.

DSC_0112 (2)DSC_0105

DSC_0074 (2)

¿Crees que este tipo de actividades se puedan llevar a otros barrios de Salamanca? ¿O más bien que el Barrio del Oeste es especial?

Se puede llevar a cabo en cualquier lugar, en cualquier barrio. El Barrio del Oeste se plantea su transformación como puente principal hacia un futuro, que ya es presente, de evolución social y económica, que exige el trabajo de muchas personas en su apuesta decidida por ¡otro barrio! En ello estamos.

¿Qué actividades tiene planeadas la asociación para el resto del año?

Hay un continuo goteo de eventos culturales, siempre con tinte participativo, no solo por parte de ZOES, sino también por establecimientos del Barrio y otras entidades que, de la mano de la cultura, se utilizan como reclamo a lo largo del año.

¿Alguna idea especial para el 2016?

Sí claro, no podría ser de otro modo: varias iniciativas que serán novedad y que irán en la misma línea actual de transformación, de participación, de innovación social y cultural, con nuestro lema como bandera ¡HACIENDO BARRIO – HACIENDO CIUDAD!

DSC_0098 (2)DSC_0066 (2)DSC_0093 (2)

Maniquís y Plástico: Black Mirror 1×02 y la Sociedad del Espectáculo

Black Mirro 1×02 y ‘La Sociedad del Espectáculo’      

Sí, obviamente “alerta spoiler”.

Hace un tiempo, cerveza en mano, decidí volver a ver algún episodio de Black Mirror. Una serie que, desde luego, no deja indiferente. Para quien no la conozca (que por cierto, no debería seguir leyendo más allá de este párrafo) es una serie que consta de capítulos de temática independiente, salvo por un aspecto: todos ellos parten de una realidad social que estiran, sacan de contexto o llevan al límite. Y no solo eso, sino que todos y cada uno de los directores que han pasado por ella –desde Brian Welsh hasta Owen Harris, conocido por Skins y Misfits– hilan las historias de una manera sorprendente y, sobre todo, inquietante.

Como he dicho, Black Mirror lleva aspectos de la sociedad occidental hasta el extremo, sugiriendo hasta dónde podríamos llegar si seguimos así. Sin embargo, creo que se trata más bien de una hipérbole social. Me explico. Si bien es cierto que los capítulos parten de una base futurista o radical de la sociedad actual, parece que solo la tecnología ha avanzado y no la ética o el razonamiento humano. Esto es, la serie no señala la realidad que nos plantea como algo posible en sí mismo, sino que lo plantea como un signo de lo que ahora mismo representa la sociedad occidental. 

Total, entre trago y trago de birra fui anotando determinados momentos del episodio para comentarlos brevemente. Probablemente muchxs os habréis dado cuenta ya del significado de los signos que se suceden en el episodio, pero me gustaría llevarlo un poco más allá relacionándolos con algo de teoría.

Desde el principio, todo gira en torno a las bicicletas estáticas. Los ¿empleados? del complejo dedican su jornada laboral a pedalear a cambio de dinero y entretenimiento. pedal_chamber_0De cara a una pantalla, de la que emana una cultura de la que hablaré más adelante. Su “trabajo” parece un símbolo de la ilusión de que, de alguna manera, estamos avanzando, moviendo el mundo, cuando en realidad pedaleamos hacia ninguna parte. Lo cual me recordó a Fukuyama y ‘El Fin de la Historia’.

Francis Fukuyama, politólogo estadounidense, escribió ‘El Fin de la Historia’ en 1992. Se inscribe en el contexto de la victoria del capitalismo sobre el socialismo, con la caída del bloque del este. Para él, esta victoria del capitalismo es la final, la definitiva. Con ella, el capitalismo ha demostrado ser el mejor sistema económico, y la democracia liberal el político. De esta forma, Fukuyama plantea que este cambio es irreversible: es el fin de las ideologías y de la historia. El capitalismo ya no tendría ningún sistema que le reconociera sus propias limitaciones y debilidades. Esto tendría como consecuencia, dice el propio Fukuyama, la consolidación de un pensamiento único, o más bien un monopolio del pensamiento. La cultura, creadora de ideología, formará parte del sistema, se capitalizará como todo lo demás. Por tanto, la ideología no será más que un producto de un producto.

Esto nos lleva atrás en el tiempo, concretamente 30 años antes. Al otro lado del charco, en el turbulento clima político de los 60, el filósofo marxista francés Guy Debord escribió su libro ‘La ihx6bqlSociedad del Espectáculo’. Debord fue uno de los grandes ideólogos del movimiento intelectual que llevó a la política francesa a explotar en aquel mayo del 68. Fue miembro fundador de la Internacional Socialista, organización que agrupaba a un reducido número de intelectuales y artistas comprometidos políticamente.

Me encantaría concentrarme en la figura de Debord, pero la altura política y cultural de este personaje supondría dedicarle un post entero. Quizá en un futuro no muy lejano. En cualquier caso, Guy Debord otorgaba suma importancia a la ideología, a la capacidad de la burguesía de generar cultura y homogeneizarla. Algo que, a simple vista, puede recordarnos vagamente a Gramsci.

‘La Sociedad del Espectáculo’ fue escrito en el año 67 con el objetivo de retratar el declive de la sociedad occidental representado en la cultura de masas que gira en torno a los medios de comunicación. Señalaba a tales medios como creadores de representaciones que se presentan a sí mismas como realidad. Debord define el espectáculo como “una relación social entre la gente que es mediada por imágenes”.

Salvando las distancias, resulta plausible aplicar los razonamientos de Debord a la sociedad actual. Casi 50 años después parece que hemos avanzado mucho cuando, realmente, no hemos avanzado nada. Los medios de comunicación siguen –y seguirán bajo el capitalismo– en manos de un puñado de capitalistas que controlan la información de acuerdo a los intereses de su clase.

Parece una buena base teórica para ir comentando cómo funciona el sistema del episodio, ¿no? Las bicicletas estáticas nos atan, dándonos la sensación de que con ellas avanzamos. Mientras, nuestro único acceso a la realidad nos viene dado a base de imágenes que, quien esté detrás de todo ello, le interesa que veamos. Tampoco deja lugar para espacios colectivos, en toda la serie no hay un momento en el que esté un grupo de personas juntas y hablando sobre algo medianamente trascendental. ¿Y qué ocurre cuando hay varias personas simultáneamente en una sala? Puede ser que compitiendo en la bicicleta estática. Sí, compitiendo. Recordad que, en caso de no hacerlo bien, se te pone un uniforme amarillo. Es decir, no tienes margen de maniobra: o participas dándolo todo, como el resto, o estás fuera. ¿Pero fuera de qué? Durante los casi 50 minutos de capítulo no hay ninguna escena en el exterior. La vida de los trabajadores transcurre, día sí y día también, en una representación de la realidad, una cultura determinada por la persona o personas que estén detrás de ello. Y, como en toda sociedad, es la cultura la que forja tanto la personalidad como las metas de los individuos. Entonces, ¿cómo es esta cultura y qué promueve?

black-mirror-ep-2-17

– Banalización de la violencia.

Desde el principio vemos cómo la violencia se normaliza y se usa de manera recreativa. No solo la violencia expresada con armas, sino con burlas e insultos. Un buen ejemplo es el programa que el compañero de bicicleta del protagonista suele ver, en el que se tiran tartas a personas obesas entre sonidos que se supone son graciosos.

– Banalización del sexo – patriarcado.

Este tema es más complicado. El sexo en el episodio solamente aparece en forma de imágenes en la televisión, pero es obligatorio de ver para todos y todas (salvo que pagues una penalización). Dentro de los múltiples tipos de sexo existentes, esta cultura solo plantea uno: machista y grotesco. Sexo de plástico y objetivización de la mujer, que pasa a ser un producto más. No hay más que ver el ofrecimiento que le hacen a la protagonista para participar en una película porno: no te queremos a ti, como persona, sino como cuerpo, como producto.

El concepto de feminidad también forma parte de la cultura del sistema. Si quieres triunfar, si quieres llegar a algo más que a dar pedales en una mierda de bici, tienes que aceptar la idea de feminidad que te imponen. El circo del concurso de canto, berreando “Do it” (Hazlo) al ofrecimiento del porno lo ejemplifica.

– Individualismo.

No hay más que ver el concurso de canto que copa la vida televisiva de la comunidad día sí y día también. Egos sin apenas talento alumbrados con los más potentes focos, atrayendo la atención y la admiración del resto de la comunidad. Y bueno, durante todo el episodio no se ven actos colectivos. Las relaciones sociales entre los miembros de la comunidad quedan reducidas a burlas y conversaciones forzadas.

– Sociedad instagram/Generación del selfie – Hedonismo.

Pero sí hay algo que quieren comunicar, algo que quieren gritar al mundo: lo increíbles que son y lo diferentes que se creen. El personaje pelirrojo, que debe tener un par de frases en 50 minutos de serie, pasa un buen rato escogiendo los accesorios de su avatar en la red. Es su manera de comunicarse, a través de sus elecciones en un monigote online. Pero oye, ahí están. blackmirror1x02_0804

Hay otro momento increíble, y es en el que hay una muchedumbre esperando a que los llamen para el casting del concurso de canto. Me pareció una representación muy digna de nuestra generación, de la sociedad Instagram. Mucha gente en un espacio reducido clamando a los cuatro vientos lo acojonantes que son –en este caso lo bien que cantan– y no haciéndose ni puto caso porque no se pueden oír entre tanto caos.

– Exteriorización de las emociones a través de redes sociales.

Tampoco se puede ver a miembros de la comunidad compartiendo impresiones, sentimientos o emociones, salvo en el caso de los dos protagonistas. Solamente pequeños gestos faciales que esconden de la vista de los demás. Pero todo cambia cuando pueden expresarlos desde sus monigotes online. En el concurso de canto, el público está compuesto por estos monigotes, que representan a otros monigotes –humanos– sentaditos en sus cuartos. Todos ellos expresan lo que sienten en cada momento, desde el pelirrojo de las dos frases hasta el imbécil supremo. El último parece cambiar radicalmente: de ser un gilipollas y un ignorante a ser una persona con sentimientos. Imágenes, imágenes. La comunicación por imágenes se interioriza, y ofrecemos imágenes distintas de nosotros mismos para aparentar lo que realmente queremos ser. Y esto que realmente queremos ser nos viene a su vez dado por el sistema.

Con un sistema que se nutre de sí mismo, el complejo parece indestructible. Genera una cultura de imágenes que, a su vez, es interiorizada y representada por la comunidad. El sistema se autogenera. Parece imposible que algo pueda cambiar, que alguien pueda atacarlo. Es esto o nada; lo tomas o lo dejas. Si quieres llegar a algo debes dejar al resto atrás. Lo que Gramsci denominó aceptación pragmática. Sí, veo que hay algo que no funciona, algo que no es justo… Pero si aspiro a ser algo en la vida tengo que dejarlo de lado y concentrarme en mí mismo. Una actitud más que lógica en un sistema que te educa en el individualismo, ¿no?

En Black Mirror es así hasta que el protagonista pierde todo. La chica en la que black-mirror-us-remakedepositó su confianza le traiciona y de repente se da cuenta de la barbarie en la que participa. Rechaza todo tipo de imagen del sistema cultural, limitándose a ganar los 15 millones de puntos necesarios para participar en el concurso y lanzar su mensaje. Es decir, lleva su crítica por los cauces del sistema. Él sabe la verdad, y la suelta. Y el sistema se la apropia. La hace atractiva, la hace un producto. Un producto más, un pedacito de verdad en la maquinaria del sistema. Y se la vende.

Sin moraleja, sin final feliz. Somos imágenes y conformidad.

Maniquís y plástico.

merits3

Los viajes de Viera y Clavijo: de la Mancha a Italia; de la forma a la fórmula

viera y clavijo

La Mancha que Viera describe es una especie de lugar fuera del tiempo, en el que la gente vive sin aspiraciones por cambiar, por entender o razonar, agradecidos de sus amos que les permiten comer, bailar, producir hijos, vivir. Su prosa no manifiesta tonos críticos o intenciones didácticas, limitándose a poetizar aquella realidad que no cesa de ser concreta, sanguínea y torpe.

Cioranescu, 1976

Si consideramos la situación de España en la década de los setenta del siglo XVIII —el descomunal atraso tecnológico, científico y artístico; la estricta censura, las abismales diferencias económicas— podemos solo intentar imaginarnos lo que supuso para un José de Viera y Clavijo (1731, Los Realejos – 1813, Las Palmas de Gran Canaria), el «máximo exponente de la Ilustración canaria», abandonar el país y ver, con sus propios ojos, el contraste entre aquello que conocía y la alta sociedad parisina.

La apertura tan repentina en su visión tenía que reflejarse, de alguna u otra forma, en su literatura. No dudo que Viera y Clavijo fuera ya, desde antes, plenamente consciente de la pobreza que azotaba a España, pero tampoco contaba con ninguna referencia externa con la que compararla. Incluso es difícil imaginar que estuviera completamente al tanto del gigantesco movimiento que vivían países como Alemania, Inglaterra, Italia y, especialmente, Francia, en ese llamado «grandioso Siglo de las Luces».

Antes de salir de Madrid, Viera y Clavijo no era más que un ayo que coqueteaba con los escasos avances científicos y artísticos que lograban filtrarse por España; y, aunque había recibido una educación eclesiástica, había tenido la suerte de coincidir con personas que estaban más bien abiertas al cambio, aquel que prometían las noticias que llegaban del resto de Europa —y que parecía suministrarse con un cuentagotas—. No fue hasta su viaje a Francia cuando se dio cuenta, realmente, de lo que estaba pasando fuera.

En su diario Viaje a la Mancha la ironía y la guasa, fácilmente palpables, parecen tener un destello conformista, como si fuera inevitable e inalterable el estado triste y pobre en el que se encontraba España. Asumida esta realidad, el autor parece limitarse, en lugar de relatar lo que ya conoce, a jugar con su narrativa, haciendo uso de múltiples bromas y juegos de palabras, de un sarcasmo agudo y de ridiculizaciones a los pobres e incultos habitantes «mal vestidos, áridos y sedientos». No se preocupa por hacer un retrato de las condiciones de la Mancha —en las que no encuentra nada novedoso—, sino que se centra, más bien, en construir un estilo ligero, ingenioso y divertido. En este viaje, la escritura parece un pasatiempo para matar las horas en medio de esas tierras áridas, tediosas y monótonas.

¡Qué era ver al citado caballerizo y al bravo Caminero arrojar de las ventanas puñados de dinero en cuartos y ochavos! ¡Qué, la calle cuajada de aquella gente mal vestida, árida y sedienta, que no sabía huir de tan desaforada lluvia de cobre! ¡Qué, la tropelía, los gritos, las posturas, las puñadas, las caídas, las embestiduras y confusión que ocasionó esta cucaña!

De Dos viajes por España

Junto con el retrato mordaz, burlón de los pobres que recogían el dinero que arrojaba el tal Caminero, se nos refleja a la Mancha hambrienta y pobre, enloquecida al ver unos cuartos y ochavos. No es la intención de Viera y Clavijo, sin embargo, hacer una demanda social a través de su narrativa, ni siquiera parece que haga uso de la ironía con ese propósito, sino con el de pasarlo bien y hacer reír al lector. Si contrastamos este párrafo a uno posterior, se hace evidente cómo, antes de su contacto con el mundo de las Luces, Viera y Clavijo no se preocupaba por redactar textos que tuvieran un carácter ni crítico ni útil. Simplemente hacía uso de su elocuente narrativa como una forma de divertirse y divertir.

El sentimiento poético de aquél [Viera y Clavijo] prevaleció sobre la observación de la realidad.

Maurizio Fabbri

Viaje a la Mancha huele, aún, a Barroco: la inmersión en la forma, el sentido del humor, los juegos de ingenio. Desde luego, Viera y Clavijo no cuenta con una narrativa que pueda catalogarse dentro de lo barroco, ni siquiera en su literatura anterior a los viajes por Europa, pero podría ser una pista de cómo la Ilustración no había calado al abate por completo, quizás aún retenido —incluso de forma inconsciente— por el magnetismo de los siglos de Oro, ya pasados pero inolvidables.

Que Viera y Clavijo, antes de conocer Europa, no le diera importancia a reflejar una realidad objetiva, que describiera las tierras del Marqués de Santa Cruz (tierras manchegas) de una forma que no respondiera a la realidad, y que no se preocupara por escribir un diario de viajes con los elementos que los neoclásicos elogiarían en la llamada literatura de viajes (descripciones exactas de paisajes y ciudades, sensibilidad y empatía hacia las clases bajas, impresiones profundas y críticas, etc.) es significativo de cara a la evolución que vivió como escritor y también como humano. Posteriormente, todas estas características las incorporaría no solo a su literatura, sino también a su vida cotidiana.

En uno de sus diarios posteriores —posterior, también, su viaje por Francia, en el que se empapó de moda, maquillaje, tacones y pelucas, pero sobre todo, de las tendencias más adelantadas de la época—, Viaje a Italia, a su llegada a Venecia, son notables los cambios en su narrativa y resalta la seriedad en el registro:

El acercarse á una vasta ciudad que se levanta del medio del agua; entrar por unas calles todas de agua, cuja superficie brilla con el reflexo de los faroles que las iluminan; encontrar las góndolas de pavellones negros, que giran en lugar de coches; la vista de los palacios y grandes edificios, todo compone un espectáculo muy estraño para el viajante que llega por primera vez a Venecia, y que llega de noche.

de Estracto de los apuntes de mi viaje desde Madrid a Italia y Alemania

En los apuntes del Viaje a Italia observamos descripciones detalladas que se detienen una y otra vez en cifras y datos técnicos —cuántas millas de viaje, cuántos pies de suelo, cuántos sacerdotes en un convento—. Si deja a un lado el sentido del humor y la ironía que tanto caracterizaron el diario de Viaje a la Mancha, los sustituye por un sinfín de detalles que reflejan el asombro e impresión propios de un descubridor de nuevos y extraños países.

El José de Viera y Clavijo sarcástico y campechano parece quedar atrás para abrir paso a uno con gigantescas inquietudes intelectuales, culturales y artísticas. Su literatura no solo viajó de un estilo lleno de sorna y carente de demandas sociales, a uno lleno de tecnicismos, cifras, descripciones y enumeraciones, sino que los intereses y temas frecuentes del autor se vieron también fuertemente influenciados. En lugar de escribir sobre una Mancha de forma poco objetiva y con una pluma elocuente y divertida, se concentra en aplicar los ideales ilustrados —entre ellos, la literatura como vehículo del aprendizaje— en cada una de sus palabras, y de seleccionar adjetivos precisos. Así llena sus páginas de datos concretos, buscando ser fiel a la realidad y a difundirla con exactitud al resto de Europa.

Los últimos años de su vida los dedicó a escribir documentos epistolares y poesía didáctica. Ya habían calado en él las tendencias neoclásicas que poco a poco se abrían paso en la España de siempre.

Buena Vista Social Club

El club social de la Habana que revivió la música cubana

buena-vista-social-club

En los años 30 en el barrio de Buena Vista en la Habana, surgió un club social en el que predominaba la música como creación artística y como medio de entretenimiento. En este tiempo, en la capital, se podían encontrar numerosas sociedades de diferentes etnias, pero ésta en concreto era puramente cubana. En ella no sólo se hacía música, el baile, los juegos de cartas, el dominó o la costura eran actividades diarias. Era un colectivo abierto en el que había libertad tanto para producir música como para disfrutar de ella como oyente, bailarín, o cualquier cosa que uno se propusiese ser o hacer en su tiempo de ocio, llevando acabo así distintos proyectos sociales y culturales. Sin embargo, los enormes cambios sociales y políticos que la revolución cubana trajo consigo en 1959, se tradujeron en la disolución de estas sociedades y clubes privados, entre los cuales se encontraba Buena Vista Social Club.

Años más tarde, en los 90, cuando ya no quedaba rastro de Buena Vista, Ry Cooder, músico, compositor y productor musical estadounidense, llegó a la Habana con el proyecto de recopilar el trabajo de artistas cubanos y africanos para la producción de un nuevo álbum de género Afrocubano. Al no poder los músicos africanos presentarse para la realización de este álbum, Cooder tuvo que continuar con su proyecto de manera improvisada. Junto con el apoyo y entusiasmo de Juan de Marcos Gonzalez, quien luchaba por mantener y fomentar la música cubana como parte de su propia identidad, se lanzó a la calle en busca de grandes potenciales. Resultó afortunado al toparse en 1998 con artistas de la talla de Ibrahim Ferrer, Rubén Gonzalez y Compay Segundo entre otros muchos. El resultado, de esencia puramente cubana, reunía los grandes éxitos de aquellos que habrían sido parte del club Buena Vista décadas antes. En homenaje, el álbum se publicó bajo el nombre de Buena Vista Social Club y trajo consigo la resurrección de iconos y voces importantes de la música cubana que habían sido por años silenciada.

De nuevo, como siempre, todo parece estar conectado: la música, profundamente ligada a una identidad y cultura determinadas, se convierte así en un claro reflejo de la historia.

MI0003814154

A través de vivaces melodías, ritmos – e incluso silencios-, Buena Vista Social Club nos recuerda que la identidad cubana no existe sin la inconfundible marca que el colonialismo español dejó en sus tierras. La intensidad de la guitarra española, combinada con los aún tímidos ritmos africanos, nos trasportan a un tiempo atrás, al tiempo de dominación hispana y de esclavitud.  La incesante guitarra, junto a otros instrumentos como el contrabajo, la trompeta, el piano o la voz, juega con estos ritmos provenientes de África en estas tierras habaneras, creando así el color y textura de la música cubana que se expande por todo el mundo.

Tras el enorme éxito del álbum, el director alemán Wim Wenders realizó un interesante documental sobre la historia de la creación del club, que llevaría su mismo nombre.  En él, el artista Ibrahim Ferrer comenta como “los cubanos somos chiquitos, pero somos fuertes, hemos sabido resistir lo bueno y lo malo”. Esta resistencia de la que Ferrer habla encuentra un claro reflejo en su música; la identidad cubana, con sus tintes folclóricos españoles y africanos, resuena con fuerza.

Con el éxito de Ry Cooder, que supo jugar con la espontaneidad y naturalidad de los músicos de Buena Vista, logró de esta forma inmortalizar la esencia del club original. La pasión, propia de la improvisación que caracteriza al sentimiento cubano, fue finalmente fijada, enlatada, encerrada y lista de por vida para el consumo occidental, con sus ansias por mercantilizar y poseer toda realidad. Esta apropiación comercial del espíritu de Buena Vista permitirá sin embargo que todos nosotros podamos disfrutar y admirar hoy su música desde fuera de la isla.

Tan simple como tecleando en Youtube “Chan Chan” o “Candela”, podemos conectar con Buena Vista Social Club y percibir su pura energía musical y el auténtico sentimiento cubano. Os encontraréis frente a un álbum que tuvo gran repercusión en la historia de la música cubana, y que ha creado una gran admiración y respeto por la cultura musical de su tierra.

 

Lo personal es político

Años 60, Berlín. En el contexto de las protestas estudiantiles contra la guerra de Vietnam, el imperialismo estadounidense y la reticente influencia del nazismo en la política de la RFA, nace un proyecto llamado “Kommune 1”. Gestada en el seno del movimiento estudiantil, la aKommune 1 (Comuna 1) es la respuesta de la juventud ante el concepto de familia burguesa, planteando un contra modelo ante la reaccionaria sociedad de la época. Y es que tenían buena parte de razón, pues lo personal es político. Las familias, como células sociales, son la base del sistema ideológico capitalista. El comienzo del proyecto en el barrio berlinés de Moabit tuvo como consecuencia que buena parte de la SDS (liga estudiantil socialista alemana) entre los que se encontraba Rudi Dutschke, líder de la oposición extraparlamentaria, decidieran apartarse y no abandonar su estilo de vida. Lamentablemente, el bueno de Rudi no podría hacer uso de su opción por el atentado que casi acaba con su vida. Aunque esa es otra historia.

Los primeros “kommuneros”, como Dieter Kunzelmann o Fritz Teufel, quien más adelante sería uno de los líderes del grupo anarquista “Movimiento 2 de Junio”, dieron una gran importancia a los cambios en la bvida cotidiana, que para ellos era la fuente de todo pensamiento político. Señalaban que las acciones del día a día, enmarcadas en el contexto de la familia, el trabajo, los estudios o el ocio, mantenían una correlación con la ideología política. Esto es, lo cotidiano moldea la ideología y viceversa. De esta forma, la Kommune apuntó una de las claves para posteriores movimientos sociales. Sin embargo, sus extrañas acciones satíricas y provocadoras como el “atentado” (si se puede llamar así) del pudin contra el vicepresidente de Estados Unidos, Humbert Humphrey, despertaron críticas entre el resto de movimientos y partidos de izquierda, al igual que llamaron la atención de la prensa nacional e internacional. La fase de provocación en la que se enmarcaron acciones como la del “atentado” pusieron a la Kommune en el centro de la discusión política, y con ello la revolución sexual que promovían. Esto atrajo a personajes de la talla de John Lennon, Yoko Ono o Jimi Hendrix, quien de hecho pasó una noche en la Kommune. Su ejemplo fue seguido por una gran cantidad de jóvenes a lo ancho y largo del mundo, entusiasmados por el concepto de la liberación sexual, quienes distribuyeron el ideario de la K1 en sus países.

Un año después, la K1 era prácticamente desmantelada, en gran parte por la avanzada adicción a la heroína de varios de sus miembros. Pero para entonces, la influencia en el ámbito de la sexualidad y la vida privada ya había germinado en otros grupos como el previamente nombradoc Movimiento 2 de Junio o la Fracción del Ejército Rojo. Esto plantea un dilema actual, y es que el modelo de familia se mantiene más o menos igual que entonces. Si bien ha habido ciertos cambios, no se puede negar que el impacto del modelo de familia burgués sigue siendo notable. Y no solo eso, siguiendo la consigna de que lo privado es político, también abre la puerta a plantearse no solo el modelo de familia, sino el estilo de vida occidental.

Es interesante pensar hasta qué punto hay que marcar una línea divisoria para diferenciarnos del capitalismo y sus instituciones sociales. Nuestras relaciones, hábitos, comentarios o aficiones son política. Son parte, en mayor o menor medida, del modelo de sociedad que queremos derrocar. Y quizá haya que apartarse, como los compas de la Kommune 1 para empezar a crear y llamar la atención.

Este es el momento de quedar, tomar unas birras y charlar sobre cómo cambiar el mundo. Solo cuando las reflexiones se comparten y debaten, pueden llegar a algo. Así que, si me estás leyendo y te apetece, hablemos del tema. Construyamos, creemos, cambiemos.

Lo personal es político; lo político es personal.

Los sueños húmedos de Daikichi Amano

da

Sumergirte en las fotografías del japonés Daikichi Amano (Tokio, 1973) es bucear entre fantasías incómodas, repletas de figuras mitológicas marcadas por la desnudez, la naturaleza y la leyenda.

Daikichi Amano muestra dos perspectivas del ser humano. La primera de ellas analiza la real naturaleza humana. Las imágenes concentran un carnaval de cuerpos femeninos desnudos que se metamorfosean a través del mestizaje del cuerpo y elementos orgánicos —madera, plumas, insectos, pulpos— en un híbrido que cruza la barrera de lo animal. De esta forma construye, a su vez, un bestiario en el que colindan lo onírico y la pornografía.

da1

La exhibición de los orificios penetrados permite que estas nuevas criaturas nazcan fruto, pues, de la encarnación de la naturaleza en el individuo y viceversa.

Este uso de la penetración enlaza directamente con la corriente pornográfica surgida de la censura genital en el porno japonés. Esto le permite conectar, además, con imágenes tradicionales japonesas como el shunga, que representa El sueño de la mujer del pescador, de Katsukisha Hokusai.

Si la primera perspectiva se remonta a los orígenes míticos del ser humano —motivo universal de la génesis de la humanidad a partir de elementos naturales—, la segunda, muestra al individuo presente: un individuo que se refleja ahora como un producto. Aparece, entonces, la presencia del plástico que rodea a la mujer, embutiéndola, deformando al cuerpo. Las fotografías consienten la cosificación del ser humano. Funden la carne con el plástico y la porcelana, formando, así, muñecas inexpresivas en serie o figuras rotas, quebradas por la violencia que vertebra a la sociedad actual. Todo se refleja, entonces, en una sucesión de caricaturas grotescas en las que el individuo se diluye para convertirse en masa, producto o entretenimiento vacío. Daikichi Amano concibe una multitud de fines apocalípticos, determinados por un presente capitalista.

da4

El trabajo sobre el cuerpo es profundo. Los materiales y el sexo transforman la carne, actúan sobre ella, convirtiéndola, así, en la piedra angular de la fotografía. La figura del híbrido ocupa por completo, en la mayor parte de los casos, el escenario que sirve al autor para terminar de afinar la caracterización de sus creaciones.

da5

Encontramos en la producción incómoda de Daikichi Amano la posibilidad de visitar sus suburbios oníricos personales, en los que se da cabida al enraizamiento de estas fantasías crudas y maníacas con las pulsiones e inquietudes más personales del ser humano: los orígenes, el sexo, la muerte y el presente.

La voz de la princesa Kaguya tras más de mil años de silencio

Son muchos los aciertos de la última entrega del aclamado director de cine animado Isao Takahata: trama lineal, contundencia, estética única, tradición e innovación.

La princesa Kaguya es un viaje a un manuscrito del período Edo, con sus perfiles blancos, las perfectas caídas de los kimonos, los suntuosos palacios con estanques; pero, en medio de toda esa armonía y belleza estética, se abre paso un elemento disonante: la protagonista.

Fuerte y rebelde, comprensiva e inteligente, valiente y prodigiosa, la pequeña niña, nacida del brote de un bambú, nos pone frente a los ojos la terrible realidad de muchas mujeres y de muchos tiempos. Nos susurra al oído su sufrimiento y resignación, la impotencia de no poder asir su propio destino.

Originalmente, la historia de la princesa Kaguya se remonta a un cuento anterior al siglo X, rescatado y transcrito bajo el título El cuento del cortador de bambú. Hoy en día, los documentos más antiguos que conservamos de ella corresponden al Período Edo (1609 – 1868). Se trata de una historia de infinito valor para la tradición literaria nipona: pertenece a una serie de cuentos que, además de constituir los primeros textos de ficción escritos en prosa, también fueron los primeros en documentarse bajo un sistema de escritura propiamente japonés, y no de herencia china. Es un cuento tradicional que ha sido representado y adaptado a un sinfín de medios, y que, en 2013, llegó a la gran pantalla con una esencia refrescante y nueva. Nunca un cuento tan antiguo se sintió tan actual.

La princesa Kaguya —una más entre los millares de princesas mudas, protagonistas de un sinfín de cuentos tradicionales alrededor del mundo—, es, por fin, dotada de una voz propia. Vemos en ella a una niña con todas las cualidades que una niña debe tener, con la humanidad que todo ser humano debe tener; vemos su sensibilidad y resistencia a los cambios, la añoranza por las amistades y el amor, el deseo de una infancia llena de juegos y primaveras.

También vemos cómo las figuras autoritarias —su padre y las incuestionables costumbres—, destruyen, lentamente, todo aquello que podía hacerla feliz y autónoma. Es alejada de la gente que quiere y del lugar en el que creció, se ve obligada a aceptar una vida dentro de la nobleza que nunca deseó, acatar la obligación de contraer matrimonio con alguno de sus pretendientes —mayores y desconocidos—, y dejar a un lado los deseos y pensamientos, propios de alguien de su edad, para aprender las formas de una auténtica princesa: cantar con perfección, dominar el arte de la caligrafía, no llorar, no gritar, no reír, no levantarse, no salir, no ser vista por nadie, no hablar.

Picture5

La princesa Kaguya es la niña de siempre, es cada niña. Ha poblado el mundo entero durante todas las historias y culturas. Es la niña que tiene que renunciar a una vida de libertad, de sensaciones y placeres para servir a una sociedad que ni la aprecia, ni le concede un espacio. Por eso es crucial haberla dotado de voz: no es solo la protagonista de un cuento tradicional, sino el modelo de mujer, un modelo artificial y cruel, que se ha propagado por todos los rincones del planeta y que se extiende hasta nuestros días.

Kaguya se resiste y grita por todas aquellas que solo pudieron optar por callar siempre.

¡Primer número!

¡Hoy comenzamos con el proyecto!

1
A partir de ahora empezamos con el primer número de la Revista 8 de octubre, cuyo contenido será publicado gradualmente durante las cuatro próximas semanas.
Si estás interesado en el mundo cultural de Salamanca, quieres colaborar con la revista o tienes alguna duda, entra en 8ctubre.wordpress.com/sobre-nosotros

o escríbenos a 8ctubre@gmail.com.

Estate atento. ¡Muy pronto comenzaremos con las publicaciones!