V Concurso Recital de Voz Anaya: Pablo Enguita

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CHIQUILLADAS

Pues al niño que dejaste le ha subido la libido
se ha bajado del tejado y ahora cuenta muertos qué desastre.
La gente aún no lo sabe pero es manso. No es él de quién preocuparse.
Que en la puerta echa el cerrojo y recoge las sobras
no hace mal a nadie y a qué viene tanto escándalo
quién sabe.
Tiene el pelo rojo de tanto quemarlo lleva días bañándose en sangre
las más le muerden fino el labio
las tantas desnudan hiel y carne. Del balcón y por su patio saltan mudas mocedades
que en las noches y descalzos todo juego por oscuro
vale.

SÍ-QUE-DABA

-¡Ay, la Virgen!

Fue todo lo que la abuela Clara remitió en su balbuceo, deformando entre los paletos su lengua cara y cana.

Claro que Clara, la otra, no se mostró tan entusiasta.

Tomó la mano materna.

-¿Quién es esta niña tan guapa?

-Tu nieta.

-Es guapa; de veras.

Dejaron el descansillo y las recibió la vivienda. También la tía Sandra, en silencio sepulcro desde su obscura sala.

-¿Está ahí?- señaló la mediana.

-Sigue ahí.

Clara dejó el orden de las cosas a su madre. Prefirió en cambio detenerse en un miriápodo detalle: la abuela, quién sabe si entonces cuerda, le había dedicado un altar precioso y un par de velas. Ocupaba numerosos portarretratos y delicadas estampas, fotos de su bautizo y comunión, de sus infantes andanzas; muchas más que su madre y su mayor hermana.

La abuela trajo yemas de Santa Teresa. La Virgen desde el calendario babeaba.

-Deja de andar como un corderito y come.

Qué más daba. Mordió. Clara pensó si la gente iba a misa los domingos a adorarla: los días de lluvia y frío, la misa de Gallo, con ramos, en Pascua…Romerías… Procesiones por el agua…

Realmente sí-que-daba.

EL JUICIO DE ANA BOLENA

Yo no estoy huyendo de nada. Los muros que me habéis plantado no crecen
-son de piedra-
y el degüelle dudo que sirva. Perdón y gracias.
Yo no escapo de nadie –veis, no estoy corriendo- tengo la conciencia dormida.
Las cosas que dijisteis, las palomas engranaje y la zorra astucia
se diluyen. Queda el mejor tramo.
Llegó el tiempo de las almas.

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