Akira: «somos los hijos de la bomba atómica»

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Entre las diversas actividades que podemos encontrar en la Universitat de Barcelona, tuve el placer de poder asistir a un Cineforum del film Akira, junto a una presentación y un debate en torno a ella. La actividad estaba organizada por uno de los actuales profesores de la rama de cine en la universidad, además de alumnos y exalumnos que comparten su amor por este arte. Fue un evento interesante en el que se exploraron numerosas ideas sobre el manga y su influencia en nuestra sociedad, ideas que me gustaría compartir con vosotros.

Antes de comenzar a tratar los aspectos más interesantes del largometraje, me parece esencial remarcar que Akira es una de las grandes películas de culto en la animación japonesa, la cual marcó un antes y un después en la historia del anime. En especial por la repercusión internacional a partir de 1988, año de su estreno, dando a descubrir el cine japonés al resto del mundo. Quienes no estén familiarizados con este tipo de cine deben saber que en la mayoría de películas de anime el argumento del film está basado en un manga (un género de cómic de origen japonés de gran diversidad de temas, dicho a grandes rasgos; y, si os sigue sin quedar claro, un ejemplo de animes serían Doraemon, Oliver y Benji, Mazinger Z… Ahora sí, ¿verdad?)

Actualmente existe una gran atracción y gran influencia del manga y el anime en nuestra sociedad. Prueba de ello son los emoticonos del WhastApp que basan las expresiones de sentimientos en la gestualidad usada en los mangas ¿Cómo surge este interés? La mayoría de los catalanes que asistieron a la actividad, están de acuerdo en que los primeros contactos con este género vienen de la programación infantil de TV3 que ponía animes como Bola de Dragón o Detective Conan. Afirman que, desde que eran niños, han tenido acceso a este género pudiendo seguir en contacto con él más adelante gracias a internet, tiendas especializadas o eventos relacionados al manga y el mundo japonés. Por lo que compruebo el canal catalán fue más pionero con estas series que en el resto de España, donde no han triunfado tanto los animes en televisión, aunque no hubo una total ausencia de este género japonés por ejemplos que ya he comentado antes.

Centrándome de nuevo en Akira, es importante señalar que este film está basado en un manga homónimo cuyo autor original es Katsuhiro Otomo, quien también será director de la película. Ambas obras tuvieron una gran recibida internacional siendo considerados los originarios de la moda manga más allá de las fronteras de Japón. Pese a este dato las diferencias argumentales serán muy relevantes, ya que la gran extensión del manga no permitió plasmar y explicar todos los detalles en el film (nada nuevo en la industria del cine.) A esto se le suma el hecho de que el estreno se dio unos años antes de la conclusión del manga. Con lo que el largometraje no será 100% fiel al cómic.

Volviendo a la importancia del film en su época, esta se sitúa en un momento en el que la animación japonesa estaba muy por debajo del nivel técnico de películas extranjeras. Akira se sale de esta norma, primero tiene una animación de gran nivel con una serie de adelantos técnicos entre los que destaca la sincronización labial. Este último avance consiste en el proceso pre-registro del sonido (es decir, se graba primero la voz) y después se sincroniza el dibujo y movimiento de los labios con las voces; es un método que ya usaba Disney en sus películas pero que no se usaba en los films japoneses, produciendo efectos poco realistas y de baja calidad.

No se queda solo en un nivel técnico superior sino que argumentalmente mantiene conexiones con su época. En la sociedad japonesa, 40 años después, todavía persiste el recuerdo de las bombas sobre Hiroshima y Nagasaki que el ejército Estadounidense lanzó, poniendo fin a la segunda guerra mundial. El trauma de la bomba nuclear es palpable en todo el universo de Akira, que se sitúa en un mundo post-apocalíptico, centralmente en una ciudad: Neo Tokio, tras una hipotética tercera guerra mundial donde se destruyeron numerosas ciudades obligando a la sociedad a renacer de sus cenizas. El problema mostrado en la película es el de una sociedad incapaz de avanzar, que se ve arrastrada a la degeneración progresiva de los valores morales, religiosos, sociales y políticos. Una capital del vicio en todo su esplendor.

En una primera parte del largometraje seguimos las aventuras de una banda de moteros adolescentes, en cuyas filas están Kaneda (siendo este el líder de la banda) y Tetsuo, los protagonistas absolutos de la trama. Mientras un grupo de científicos realizan un experimento en busca de personas capaces de desarrollar lo que ellos denominan “la energía absoluta”, Tetsuo sufre un extraño accidente y es ingresado en unas instalaciones militares donde descubren su potencial para desarrollar dicho poder. El film continuará con el despertar de los poderes de Tetsuo y su progresiva pérdida de control, convirtiéndose en la mayor amenaza de la humanidad hasta el momento. Durante el desarrollo del argumento tendremos continuas referencias a Akira, pero nos mantendremos ante la misteriosa duda: ¿Qué o quién es Akira? Será la cuestión que no cesará de recorrer toda la película.

Una vez finalizada la proyección y compartiendo la opinión general, la mayoría admitimos que nos había gustado, hipnotizado, atrapado… pero nos había sido imposible entender su totalidad. Y yo me planteo ¿Es eso posible? ¿Te puede gustar una película sin entenderla? Tras lo comprobado en esta actividad la respuesta es afirmativa, lo que hace que surja otra pregunta esencial ¿Por qué? En el debate que se realizó llegamos a la conclusión de que el principal significado del film no es lo más importante. Todos hemos notado los diferentes temas que trata (sociedad, fanatismo religioso, poder, corrupción…) además de poder seguir la línea argumental sin problema. Pero, ¿cuál es la conclusión de todo esto? Quizás entender la totalidad de la trama no es necesario, no es aquello que de verdad nos atrae. Por supuesto que se podía seguir una coherencia en la trama, unos hechos que desembocaban en otros… Es la parte de ciencia ficción la que nos deja con más dudas y detalles sin resolver.

Aquí es cuando nos planteamos otra posibilidad, ¿Y si es la mentalidad occidental nuestra limitación para la comprensión del film en su totalidad? Está claro que nuestra cultura y ritmo de vida es diferente a la de oriente ¿Cómo verán los japoneses esta película? ¿Lo entenderán mejor que nosotros? Algunos de los presentes en el debate comentan que ven referencias a otras películas en ella, que se nota su influencia en el cine posterior de este género e incluso fuera del manga, sin ir más lejos la saga de Matrix tiene una clara conexión con el mundo de Akira. Si alguno de nosotros es capaz de darse cuenta de estos guiños es porque ya tiene una trayectoria en este tipo de cine. Una persona de cultura oriental, más relacionada con estos films además de tener los códigos culturales en los que nace esta película comprenderá mejor que nosotros, no su significado en sí, sino el modo de verla.

Para concluir este artículo hablaré sobre una anécdota que nos contaron durante el transcurso del CINEFORUM. Trata sobre este manga y su relación con la bomba nuclear. Durante los años 60, Japón sufría una época de grandes cambios, no solo había tenido que superar el trauma de la bomba y de la guerra, sino que además debía volver a reconstruirse a sí mismo (cierto parecido con la trama del manga ¿verdad?), socialmente era un marco caótico de continuas manifestaciones y revueltas con movimientos de claro tono contracultural. Si ya de por sí vemos reflejado este panorama en el argumento de Akira, también lo será en su título. Durante una de las numerosas revueltas de la época, en una universidad japonesa en la que se habían atrincherado varios estudiantes, uno de ellos fue entrevistado por la televisión, la frase que dijo resumía el sentimiento de la sociedad japonesa: : «Somos los hijos de la bomba atómica».

Aquel joven se llamaba Akira.

 

Irene Sainz

Truman: un pequeño homenaje a la vida

No es raro salir de ver Truman preguntándose cómo un relato fílmico sencillo, apoyado en un guión conversacional, nada sesudo en apariencia, puede calar tan hondo. Esta película, aún teniendo un tema de fondo delicado, no nos conduce a la conmoción extrema en la que nos sumen películas como Amour, de Michael Haneke–que trata un tema parecido al de Truman–. A diferencia de la primera, esta consigue sacarnos más sonrisas que lágrimas.

truman0La explicación no es otra que el enfoque y el tratamiento de un tema tan delicado como la despedida definitiva de dos amigos cuando uno de estos, enfermo terminal, va a morir.

En esta breve reseña, vamos a relacionar cine y literatura, pues las constantes de un arte y otro se entrelazan y superponen constantemente. Previamente, sin embargo, hay que decir que hace unos días la película ha conseguido cinco de los seis premios Goya a los que optaba: mejor película, director, guión original, actor principal (Ricardo Darín) y de reparto (Javier Cámara).

La primera genialidad de Truman quizá resida en que su título es el nombre del perro del protagonista: enseguida se entiende que no se trata de los dos amigos como personajes principales: Julián y Tomás (interpretados respectivamente por Darín y Cámara), sino tres: estos dos humanos y uno animal. Troil, que era el nombre auténtico del perro protagonista de la película. El animal estaba entrenado para trabajar con niños autistas, así que establecer relación con Darín fue sencillo y el perro y el actor conectaron de forma entrañable: esto se refleja muy bien en pantalla. El director, Cesc Gay, afirmó en una entrevista que no fue él quien dirigía al perro, sino Darín. La complicidad perro-amo se hace patente en cada escena de Truman y desde un principio nos hace relegar a un segundo plano el tema de la muerte para priorizar el tema de la amistad y la fuerza del vínculo que esta crea.

En la primera mitad de la película, vemos al protagonista muy preocupado por con quién va a dejar a Truman cuando él ya no esté, consciente del poco tiempo que le queda: visita a su veterinario y le pide consejo psicológico, pues quiere saber cual es el impacto que la pérdida de su amo puede tener en el canino. Le pregunta, por ejemplo, si es recomendable dejarle una camiseta o algo con su aroma para que el animal le recuerde. Esta es tan solo una de las sorpresas que el guión nos ofrece: no estamos acostumbrados a pensar en el bienestar de un animal por encima del humano, y, en este caso el amor que Julián siente hacia Truman es más fuerte que su estima personal. Al salir de la clínica Tomás le pide a su amigo Julián que la próxima vez que vaya a ocurrir algo así (que Julián hable de su muerte como algo tan natural e inminente) le avise, para estar preparado, a lo que Julián responde:

J: Lo único que importa en la vida son las relaciones, el amor, la familia, vos y yo, Truman y yo…

El resto de la historia se desarrolla en las calles de Madrid, por las que los protagonistas pasean mientras charlan. Van a visitar a una familia adoptiva, después se dirigen a la consulta médica y Julián dice que quiere dejar la medicación. Parece que la cámara deja de existir, no hay filtro ni enfoque preciso, tan solo dos amigos hablando, riéndose, aceptando el dolor de la despedida inminente, pero empleando este sufrimiento como pretexto para crear algo más: es este un “acompañamiento creativo”. La intención del director parece ser mostrar, contar, y nunca justificar nada más allá, el retrato se vuelve documental, anecdótico.

Resulta interesante relacionar el interés que suscita esta exaltación valor de lo pequeño, del gesto, de la amistad, con lo que grandes escritores de la literatura hispanoamericana, hace ya casi un siglo, llamaron lo real maravilloso. Autores como Alejo Carpentier, emprendieron la búsqueda de lo extraordinario sin salir de los límites de lo cotidiano. Aunque es cierto que este autor se refería fundamentalmente a la realidad americana como algo maravilloso, introduce Carpentier la idea universal de que en lo cotidiano es en lo que más únicos podemos volvernos, en lo que, al fin y al cabo, podemos diferenciarnos: nuestra experiencia vital más íntima y auténtica se vuelve interesante, lo extraordinario ya lo esper se.

Truman1Vamos a hablar también del escritor mexicano Enrique González, a colación de la película. Cuando este escribe su poema “tuércele el cuello al cisne del engañoso plumaje”, no solo da comienzo a las vanguardias, criticando el preciosismo lingüístico de los modernistas –atacando en particular a Rubén Darío y sus cisnes y princesas–, sino que además habla de la importancia de no adornar el sentimiento y de adorar la vida, tratando de evitar ecos quejumbrosos y melancólicos:

Tuércele el cuello al cisne de engañoso plumaje 
que da su nota blanca al azul de la fuente;
él pasea su gracia no más, pero no siente
el alma de las cosas ni la voz del paisaje
.

Este poema podría ser el subtexto de la película, el autor recomienda a los escritores de su generación y de las venideras que no busquen formas que no van acordes al contenido que se quiere transmitir, estas han de ser inherentes al “ritmo latente de la vida profunda”. Del mismo modo apreciamos que Julián detesta la falta de naturalidad de la gente, la falta de humanidad: “La gente no sabe lo que decirme, huelen a muerto y no quieren acercarse”, le dirá a Tomás cuando descubre que dos conocidos le han visto en el restaurante en el que están y no le han saludado.

Enrique González cierra la segunda estrofa del poema clamando: «que la vida comprenda tu homenaje». Continuadores de esta tendencia serán los versos de escritores como Vicente Huidobro, autor chileno que inició la denominada tendencia creacionista.Su poesía está cargada de esta frescura y vitalidad, imágenes novedosas e insólitas que aluden, sorprendentemente, a escenas cotidianas y responden a una necesidad absoluta por innovar y renovar los cánones modernistas y sacar al poeta de su “torre de marfil». Hay mucho de esto en los dos amigos, que confirman este dicho de que “el que es joven una vez lo es para siempre”.

Lo que encontré en esta película, al fin y al cabo, se asemeja a lo sugerido por estos autores: un homenaje a la vida, una lección de coraje, vitalidad y humildad.

La potencia expresiva de Truman, como estamos viendo, reside en la pureza del sentimiento, en las emociones desnudas de los personajes. En la escena de la librería, cuando los dos amigos van a mirar libros de psicología animal, en un momento que parece de debilidad, Julián le pide a su amigo que le compre una guía para morir: “Ayudar a morir” se llama la que le enseña. Justo después le convence para que se la compre, quitándole hierro al asunto,diciéndole a Tomás que simplemente necesita una guía porque va a emprender un viaje.

Esta película, aunque de manera indirecta introduce la idea no muy extendida del acompañamiento creativo, que antes mencionábamos, creada por el psicoanalista Rubén Bild dentro el campo de la Psicología de los cuidados paliativos. Existen psicólogos, médicos, trabajadores sociales y demás especialistas se dedican de lleno a este último estadio vital y en cómo aceptar la muerte para convertirla en una etapa más y sublimar, en la medida de lo posible, el dolor.

El acompañamiento creativo consiste, como Bild señala, en «saber estar con» y ayudar de este modo a desbloquear miedos, controlar la angustia y transformar la última etapa de la vida. Quizá dedicamos poco tiempo a reflexionar sobre la propia muerte, como algo que inevitablemente llega,y demasiado en cambio a pensar en su cariz dramático, lo que nos imposibilita combatir la desesperanza ante el anuncio de la muerte.

Julián, el protagonista, presenta gran fortaleza y esto está muy bien retratado: los momentos de debilidad están contados y producen una empatía clave en el espectador. A lo largo de la película nuestra mirada se dirige a lo diminuto, que es lo ensalzado: al instante, al gesto. De hecho, el clímax proviene, bajo mi punto de vista, de tres momentos muy concretos: el primero es cuando Julián duerme en la habitación de hotel con Tomás y los dos amigos se dan la mano, de cama a cama, hasta que se quedan dormidos. La segunda el abrazo que Julián y su hijo se dan en Amsterdan y la tercera cuando, en el aeropuerto, Julián deja al perro con Tomás y se despiden. Dejaré símbolos y demás imágenes evocadoras de la película a los expertos en cine.

Lo amargo de una despedida definitiva se suaviza, como podemos apreciar a lo largo de toda la película, con golpes de humor. Ahí es, precisamente, donde radica el éxito de Truman: en el enfoque vanguardista, moderno, que no cae en el hermetismo pero que en ningún momento roza lo banal.

Estamos ante un retrato impuro, como la poesía que proponía Neruda: impura «como un traje, como un cuerpo con manchas de nutrición, y actitudes vergonzosas, con arrugas, observaciones, sueños, vigilia, profecías, declaraciones de amor y de odio, bestias, sacudidas, idilios, creencias políticas, negaciones, dudas, afirmaciones, impuestos […], la entrada en la profundidad de las cosas en un arrebatado acto de amor y el producto poesía manchado de palomas digitales, con huellas de dientes y hielo, roído tal vez levemente por el sudor y el uso. Hasta alcanzar esa dulce superficie del instrumento tocado sin descanso, esa suavidad durísima de la madera manejada, del orgulloso hierro».

Truman cuenta la historia de dos amigos, no de un enfermo terminal. Habla de una vida a la que se quiere rendir un humilde homenaje. Recurriendo a una etapa vital dura, que no puede considerarse bella o agradable en ningún caso, se genera, sin embargo, una belleza de la que somos testigos: la despedida definitiva de un hombre de su perro y su mejor amigo se vuelve una situación, que, si bien no es positiva de por sí, genera optimismo y pureza. Esto nos enseña que es importante acudir los sitios que pueden generar belleza, más que aquellos ya considerados bellos, no huir de lo humano por feo que pueda parecernos a veces, pues tenemos un compromiso con ello y, como ya dijo Neruda: “quien huye del mal gusto cae en el hielo”.

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“Si al hablar no has de agradar, te será mejor callar” y otras maravillas que Disney nos ha inculcado.

¿Qué son roles de género y cómo nos afecta?

Los roles de género son una serie de normas de conducta no escritas que estereotipan la identidad de una mujer o un hombre dentro de un grupo social determinado y los cuales dependen y cambian a través de la época, la sociedad y la cultura en las que se presentan.

Los roles de género pretenden determinar cuál es el comportamiento que se considera adecuado para mujeres y hombres, castigando y discriminando al que se salte estas invisibles pero arraigadas normas.

Lo sé, mucho tecnicismo para un artículo que prometía hablar de princesas Disney, pero es fundamental entender y definir que son, en realidad, los roles de género para poder explicar el impacto masivo que han tenido en muchas de nuestras heroínas de la infancia y por consiguiente en nuestras lactantes mentes. Y es que en pleno Siglo XIX, el de la libertad, la igualdad y el Twitter, aún se usan frases como “los chicos no lloran”, “corres como una nena”, “un hombre provee a su familia” y “¿tu mujer gana más que tú? Qué palo…” Y es que son estas anticuadas percepciones de “quién debería ser qué” las que intentan definirnos por lo que hacemos y no por lo que somos, y un ejemplo maravillosamente curioso de esta evolución de roles lo encontramos en nuestras queridas princesas.

(spoiler alerts, duh!)

La eterna ama de casa.

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Blancanieves se estrena en 1937, periodo entre las dos guerras mundiales, y mientras en España vivíamos una guerra civil, en Estados Unidos envestían a Roosvelt y una endeble burbuja de tranquilidad gobernaba el país. Es así como la dulce Blancanieves entra en nuestras vidas, cocinando, fregando, barriendo y todo tipo de gerundios conectados a las tareas domesticas sin que nadie le borre la sonrisa o una tierna canción de sus labios de rubí. Y aun que el sexista Gruñón odie a Blancanives definiendo a todas las mujeres como “veneno. Todas son malvadas” nuestra querida protagonista no está nada a disgusto con su situación, es más, todo lo contrario, porque ¿qué haría una mujer si no? ¿ir a trabajar a la mina con sus colegas enanitos? ¿Tirarle de los pelos a la malvada madrastra que le ha usurpado el trono? (la cual por cierto ni siquiera tiene nombre en la película, por lo que yo también me cabrearía) ¿Tocarse la vagina a dos manos? ¡Claro que no! Eso sería una locura, lo que Blancanieves necesita es un hombre, porque si su belleza la ha metido en problemas, con un poco de suerte también puede sacarla de ellos. Sí, un hombre lo arreglará todo (bueno, le devolverá a un palacio donde otras mujeres, cocinaran, fregarán y plancharán por ella, claro). Y es que, no será hasta los 70 u 80 que la concepción de una mujer independiente sin ser una extensión o herramienta de un hombre aparecerá en estas y muchas películas. Blancanieves sólo será libre cuando un hombre decida liberarla y mientras tanto todo lo que ella debe hacer es sentarse a espéralo. Y es precisamente este, el claro mensaje escondido en la enternecedora dulzura de la protagonista el que se enseñaba a las mujeres hasta los 50: “cocina, lava y sonríe querida, hasta que un joven apuesto te libre de la carga familiar que ya empiezas a suponer, sólo para seguir cocinando, lavando y sonriendo, que es básicamente lo único que deberías saber hacer”

https://www.youtube.com/watch?v=vI_c1F994gs

—Hasta aquí haría un artículo y a partir de aquí un segundo [Símbolo]—–

La dependiente disfrazada de rebelde.

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En 1989, con la caída del muro del Berlín y a caballo entre la segunda y la tercera ola del feminismo, llega La Sirenita, un cuento original de Hans Christian Andersen, rescrito y endulzado por Disney (en el cuento de Andersen la sirenita nunca llega a conseguir al príncipe, lo que la lleva a suicidarse). ¿Qué puedes recordar de La Sirenita? Es la pequeña de 5 hermanas, la hija favorita del rey Tritón, gobernante de los mares, tiene una ligera obsesión con los humanos, lleva un bikini sexy y su pelo esta de revista en tierra, mar y aire. Definitivamente es una rebelde, por un oído le entra y por otro le sale todo lo que su padre le diga sobre los humanos, y más después de salvar a su amado príncipe Eric (correcto, en Disney todos son de la realeza) de morir ahogado. La pregunta aquí es, ¿En que se traduce la rebeldía de Ariel?¿Es que acaso no está conforme con el régimen dictatorial de su padre?¿Acaso vive subyugada por las normas de la corte marina y ansía una vida más libre?¿Qué es lo que le fascina tanto de los humanos?¿Tiene acaso complejo de exploradora, es Ariel una frustrada antropóloga?¿Qué está dispuesta a dar por conocer el mundo “exterior”? Pues las respuestas a estas preguntas nos las responden las pegadizas canciones de esta película:

Ariel no tiene ni idea de que hacen los humanos, sólo que crean cosas que ni siquiera sabe para qué son, andan y tienen “fuego”, y de alguna manera esto le fascina y necesita conocer el mundo humano sí o sí (qué una servidora se pregunta, si el fuego no existe bajo el mar, ¿cómo sabe su nombre?)

“Tanta abundancia tanto esplendor te hace pensar que yo no necesito más…aun que a veces no sepa que son” “sólo nadar no es original por qué no tener un par de piernas” “¿Qué es fuego? ¿Qué es quemar? ¿Lo podré ver? ¿Cuándo me iré? Quiero explorar sin importarme cuándo volver” (A Eric) “Es tan hermoso…Me gustaría tanto verte feliz, y disfrutar bajo el sol, tu compañía sin condición, yo volveré, ya lo veras, por ti vendré”

Hasta ahora uno puede deducir varias cosas; Ariel sólo conoce el mundo humano por escaparse a la superficie y recolectar objetos humanos que van cayendo en el reino por naufragios (debían naufragar por allí un par de barcos a la semana para tener semejante colección). Ariel está dispuesta a mandar a paseo a su familia al completo por vivir en el exterior sin siquiera saber que se cuece por allí. Por último, Ariel se ha enamorado de un humano, con el que no ha hablado en su vida, ni sabe absolutamente nada de él, salvo que tiene un perro (animal que no debería de conocer porque no es marino) y por ello decide hacer un pacto con la bruja del mar para poder ser humana y estar junto a él, así pues a cambio de unas piernas de ensueño y una aparato reproductor femenino, Ariel entregará su voz. Lo que nos lleva a la segunda canción clave, también titulada “un-mensaje-no-muy-subliminal-de-lo-que-se-espera-del-comportamiento-femenino”

“Los hombres no te buscas si les hablas. No creo que los quieras aburrir. Allá arriba es preferido, que las damas no conversen. A no ser que no te quieras divertir. Veras que no logras nada conversando, a menos que los pienses ahuyentar. Admirada tú serás, si callada siempre estas. Sujeta bien tu lengua y triunfaras Ariel!”

Todos sabemos el final, Úrsula muere, Tritón le regala un par de piernas a su querida hija y esta se casa con el príncipe y viven felices para siempre. ¿Es esto lo que Disney intentaba enseñar a nuestras jóvenes ochenteras? ¿Qué sólo merece la pena ser “rebelde” por un hombre? ¿Qué tienes que cambiar y adaptarte para ser amada? Por mucho que a la pequeña sirenita le fascinara el mundo exterior, no tuvo aletas suficientes para hacer un pacto con la bruja del mar hasta que no se enamoró de un príncipe, ¡ni más ni menos! ¿Es tan diferente, entonces, el mensaje que transmite esta película comparada con Blancanieves? Para mi sigue diciendo que el único deber de una mujer es casarse con un hombre, aun que ahora una no tenga que esperar sentada a que la encuentren, sino que deba ella misma salir a buscarlo (gracias por concedernos eso), que si eso no funciona cambies absolutamente todo tu ser para conseguir lo que quieres y que no hace falta ser la ama de casa perfecta, pero claro, debajo del mar…no hace falta fregar ¿no?

La pelirroja indomable.

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La protagonista de Brave, Mérida, llega en 2012 como un soplo de aire fresco de la mano de Pixar, y es que hay que reconocer el esfuerzo que han intentado hacer este “nuevo” afluente de Disney en crear películas unisex y no estereotipar a sus personajes. Mérida es una guerrera escocesa, monta a caballo, maneja el arco y la flecha como nadie, odia las tareas del hogar, lo políticamente correcto y los vestidos ñoños. Mérida rezuma libertad por todos sus poros, tanto es así, que cuando su padre intenta casarla con cualquier hijo idiota de un reino vecino, apostando literalmente el casamiento de su hija en un torneo, esta decide luchar por sí misma para ganarse su propia mano y no tener que casarse con nadie. Y sorprendentemente (y por primera vez en Disney), esta película acaba sin un final romántico. Es cierto que podríamos hablar de cómo se representan las relaciones filiales en esta familia, pero por desgracia ese no es el tema en cuestión de este artículo, así que sólo me queda recalcar lo maravilloso que me parece, a la vez que sorprendente, que hayamos tenido que esperar como espectadores hasta 2012 para ver a una princesa independiente, que decide (y esto es un dato muy importante, insisto, ella DECIDE) que no necesita a un hombre en su vida para manejar un reino, un trabajo o su vida en general. Y es que Mérida es consciente de que no hace falta que nadie “la dome” pues es perfectamente normal y se puede ser perfectamente feliz siendo como ella es.

Desde aquí os animo a todos a ver este precioso largometraje y a buscar otros mensajes, llamémosles “inconscientes”, que Disney ha perpetuado a lo largo de sus películas (ejem, ejem, el sometimiento de Mulan, el racismo de Aladdin y no me hagáis empezar con La Cenicienta) y aun que son películas de muchas infancias, es importante entender que mensajes pueden llegarnos a través de qué y cómo descartar lo malo para absorber lo bueno, pues en palabras de la propia Merida “Nuestro destino vive en nosotros. Sólo debes ser lo suficientemente valiente para verlo”

 

¿Ha Muerto el Arte en el Mundo Postmoderno? II

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Para los artistas románticos estas dudas sobre la muerte artística serían impensables. Si nos pudieran leer en este instante se alarmarían de estas palabras. Poetas románticos como Shelley o Keats reflejan en sus obras una gran fascinación y alabanza a la capacidad del arte de sobrevivir al tiempo y trascender toda cualidad humana. Esta alabanza a la inmortalidad choca de frente con la concepción de la mortalidad del arte que nos trae el crítico de arte postmoderno del que hablábamos en el anterior artículo, Arthur Danto. Aquellas mentes y ojos románticos se espantarían de la cualidad plural y desarmonizada del arte actual y de la nueva estética marcada por lo común y ordinario. Como afirmaba en el artículo anterior, hoy en día en el arte todo tiene cabida, todo está permitido, sin límites, sin restricciones pero sin embargo, ya no es para todos. Los artistas de renombre se han visto en libertad de embotar literalmente su propia mierda y venderla por millones como hizo Piero Manzoni en su obra La mierda de artista.

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En este arte post-moderno se pierde la belleza clásica pero también la capacidad de perturbar y revolucionar que marcaba al periodo modernista anterior. En el modernismo el arte era creado por un espíritu revolucionario. No tenemos más que observar la Olympia de Manet que inspirado en la Venus de Urdino de Tizano retrata en su lugar a una prostituta parisina. O el cuadro del Origen del Mundo de Coubert que no es más que pura provocación. 

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Estos son ejemplo de auténticos espíritus revolucionarios y provocadores. En el modernismo comienza a surgir la desilusión, el inconformismo, las vanguardias, la conciencia feminista, o más bien, la conciencia inconformista en general. ¡Qué mejor arma para el cambio y la revolución que la propia conciencia! Los artistas modernistas pretendían ir a contracorriente, vencer los valores que se estaban estableciendo y retar, cambiar y revolucionar. Sin embargo, cuando la contracorriente se puso de moda y se convirtió en la nueva corriente, se dejo de lado todo objetivo por el que luchar y sedio paso al nuevo periodo postmoderno. El conformismo y la asimilación dan forma a aquellos artistas post-modernos, post-revolucionarios o como diría Danto Post-históricos. Este crítico utiliza este concepto para defender que “ahora la historia y el arte habían tomado direcciones diferentes.” Danto habla de un arte ya agotado de su esencia histórica y teórica.
Y es que este arte post-moderno es un arte rendido y derrotado en comparación con el espíritu provocador del arte modernista. El arte actual ha perdido la belleza clásica, la visión inocente y fascinación romántica, la moralidad victoriana, la rebeldía moderna. Ya nada nos asombra ni el desnudo ni lo indecente o lo inmoral, y gran parte de la culpa la tienen los medios de comunicación que nos han acostumbrado al espanto, al absurdo y a la inmoralidad. Pero entonces me cuestiono: Si el arte ha perdido la belleza clásica, la capacidad para perturbar, y por tanto, su propia esencia ¿Sería correcto seguir considerando a este arte como tal? ¿O por el contrario tiene Danto razón y ha muerto el arte?
He llegado por fin a una conclusión que tras mucha divagación quiero promulgar, allá voy: ¡El arte no ha muerto, sino que su teoría y su historia han llegado a un punto muerto!
Toda obra teatral, toda película, toda novela que he visto o leído recientemente son pura crítica social. En aquellas obras he percibo el auténtico espíritu artístico tratando de cambiar el concepto de arte actual. Personas inconformistas, artistas luchando por sobrevivir a la sobredosis de mierda post-modernista. Estas obras y estos artistas me han hecho ser conscientes y defender que: el arte no ha muerto, sino que el concepto de arte junto con la sociedad ha perdido su rumbo. Mientras tanto, ellos tratan de renovarlo o hacerlo renacer.
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¡EL ARTE SIGUE VIVO! lo evidencié el pasado fin de semana en aquella obra de teatro, lo percibo al escuchar al famoso violinista que trafica las calles de Salamanca con sonrisas, lo percibí en la última película que fui a ver al cine, pero también al ver el nuevo dibujo de mi prima de 11 años, o al leer el último poema con el que me topé. Aunque nos encontremos en una sociedad post-modernista sigue permaneciendo la vivacidad del arte escondida y brincando de esquina en esquina.El arte existe pero fuera de la falsa contracorriente actual que no es más que la nueva corriente, la nueva convención. Lo bueno es que tenemos nuestra propia consciencia para dar el primer paso y hacer renacer a esta moralidad y teoría del arte.
Es esta consciencia lo que nos mantiene a flote, ésta es el principal arma para el cambio, la evolución, el futuro. Como el poeta romántico Wordsworth afirmó una vez; «we are out of tune», estamos desafinados, desentonados y vamos a contracorriente de nuestra naturaleza. Pero los artistas siguen vivos tratando de mostrar que estamos en momento de renacimiento social y que el arte no ha muerto. Deberíamos escuchar nuestra fuerza creativa y revolucionaria que hay en nosotros y mantener vivo ese hambre por conocer, aprender, crear. ¿Y si no hay nada más que construir? Siempre podemos retroceder los pasos que hemos dado de más y comenzar a de-construir el arte y a la humanidad. Así todos podremos ser artistas, que el de-construir también es crear y hacer arte. En palabras de Danto: “El arte siempre tendrá un papel que desempeñar si los artistas lo desean”

Crónica de la presentación y charla del Frente de Estudiantes en la facultada de Filología de Salamanca: “Escritores e investigadores: Su legado, nuestros problemas y nuestras soluciones”

Ayer 1 de Marzo asistimos a una charla en Anayita impartida por uno de los representantes de filología del Frente de Estudiantes de Salamanca. “Escritores e investigadores: Su legado, nuestros problemas y nuestras soluciones” fue el titulo con el que nombraron a este acto. Al entrar en el aula nos sumergimos en una burbuja revolucionaria con temas de Antonio Machado, Silvio Rodriguez o la famosa Vilamorena Portuguesa. Temas que armonizaban el acto en compañía de las banderas del Frente y estudiantes de diversas ramas. Bruno, el portavoz de filología del frente, nos introduce en el tema de la charla y nos comenta cómo va a organizarla. Afirma que nos va a presentar actos, luchas y obras de Escritores e Investigadores de otros periodos pasados para compararlos y aplicarlos a nuestra actualidad.

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El acto comienza con una presentación del Frente de Estudiantes. El portavoz nos explica la trayectoria de este colectivo y de como llegó a llamarse como tal tras pasar primero por el nombre de BES, a BEU hasta el nombre actual que dio comienzo el 6 de diciembre del año pasado tras un congreso de unidad en Valencia. Ahora este Frente de Estudiantes no solamente es una asamblea de Salamanca sino que forma parte de una lucha estatal. Después de la presentación nos adentramos en el tema y comenzamos con la lectura de un bello texto de Gabriel García Márquez llamado “Un país al alcance de los niños”:

“Creemos que las condiciones están dadas como nunca para el cambio social, y que la educación será su órgano maestro. Una educación, desde la cuna hasta la tumba, inconforme y reflexiva, que nos inspire un nuevo modo de pensar y nos incite a descubrir quiénes somos en una sociedad que se quiera más a sí misma.»

Con este texto Márquez nos muestra su motivación por la educación de carácter más bien idealista. Desde este punto, Bruno nos acerca a nuestra actualidad y nos recuerda la necesidad de una lucha estudiantil por nuestro derecho a la educación. Una lucha guiada por una búsqueda de una educación pública, gratuita, de calidad y laica. Tras ello, el portavoz nos recuerda al grandísimo de Lorca y su teatro ambulante “La Barraca”. El papel de esta compañía de teatro se centraba en servir al pueblo para acercar el teatro clásico a lugares con limitada educación cultural. Tras hablar brevemente del papel del teatro de Lorca en nuestro país, pasamos a centrar nuestra atención a las Misiones pedagógicas. Proyecto cultural en el que sus propios integrantes se definían como “escuela ambulante que quiere ir de pueblo en pueblo.” Volvemos a nuestra actualidad y reflexionamos sobre la estrategia universidad 2015 y la evanescente universidad publica. Volvemos a recordar nuestra infancia con un divertido poema de Gloria Fuertes que otro compañero nos recita. IMG-20160302-WA0003

Con una visión menos inocente que entonces, advertimos los mensajes de reivindicación de las zonas rurales expresados, entre líneas, con una maestría en sencillez y ternura. Con esto, nos volvemos a plantar en nuestra realidad y plantearnos los problemas del 3+2 y sus implicaciones como el encarecimiento de créditos o los recortes en las becas. Nos frustramos al percibir la trayectoria elitista que está tomando la educación, al verla alejarse por un camino privado por el que no todos tenemos derecho a pisar.
Para acabar esta sección de escritores qué mejor que cerrarla con una preciosa lectura de Antonio Machado, el mismo que nos recibía a esta charla con su “Caminante no hay camino.” Otro compañero nos recita un fragmento del discurso que dio el escritor en el segundo Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura que tuvo lugar en Valencia.

“Enseñad al que no sabe; despertad al dormido; llamad a la puerta de todos los corazones, de todas las conciencias; y como tampoco es el hombre para la cultura, sino la cultura para el hombre, para todos los hombres”

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Tras haber nombrado a estos grandes escritores es momento de nombrar brevemente a investigadores y científicos que se suman a la lucha de la cultura y la educación como son Robert Oppenheimer, Julio Rey Pastor y Jose Luis Massera. Llegamos a una conclusión de todo esto. La necesidad de lucha. La necesidad de Luchar por nuestros derechos a la educación y la cultura. El Frente de Estudiantes nos recuerda que no es el momento para la conformidad sino para la reflexividad, la lucha, la inconformidad, el cambio. El Frente de Estudiantes nos impulsa para “recoger el legado que todos estos poetas y científicos nos han dejado, y no dejar que se apague la antorcha que ellos mismos encendieron y que poco a poco se va apagando.”

Si ellos lucharon, ¿Por qué nosotros no? ¿Por qué no defender nuestros derechos? ¿Por qué no mejorar nuestra realidad?

Salimos con suficiente energía y estimulación para la luchar en la próxima huelga del 3 de Marzo que el Frente de Estudiantes organiza a las 12 en la plaza mayor de Salamanca.

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Cine, ideología y cultura de masas: el papel de Hollywood en la construcción de la hegemonía estadounidense

El inglés se ha convertido en lengua franca. A lo largo del pasado siglo fue desplazando al francés y al alemán, lenguas de la diplomacia y de la ciencia respectivamente, hasta proclamarse vencedora en el pódium de los idiomas. La I Guerra Mundial marcó un antes y un después en el uso del inglés, pasando de ser enarbolado por el decadente Imperio Británico a ser extendido por el más que conocido imperialismo yanqui. No es ningún secreto que el auge del inglés coincida con el auge de Estados Unidos como potencia mundial. David Crystal, conocido académico británico, señala que una lengua necesita de un Estado fuerte y próspero para extenderse. Y es que los Estados Unidos han conseguido, a través de su hegemonía cultural, expandir el inglés llegando a los más recónditos rincones del globo.

Hegemonía, cultura y poder político. Cualquier cambio en la economía tiene repercusión en las instituciones ideológicas y la cultura, como defiende la filosofía marxista, y el inglés no es excepción. Valentin Nikolaevich Voloshinov, filósofo del lenguaje soviético ya advirtió de la fuerte interdependencia entre lengua, política y cultura, destacando la influencia de las dos primeras sobre la tercera. Para él, un Estado, al alterar su economía y política, puede aumentar su influencia en la cultura, ya sea lengua, literatura o cine. Y así lo hicieron los Estados Unidos con Hollywood. cultural-hegemony-1

Gramsci definió la cultura como una herramienta que nos permite encontrar nuestro sitio en el mundo y, desde luego, a entenderlo. A pesar de ser Gramsci uno de los máximos exponentes de la filosofía marxista, parece que los yanquis hicieron una buena lectura de sus aportes teóricos. A mediados del siglo pasado, los obreros de la producción cinematográfica tenían un rol crucial en la industria. Hollywood tenía una fuerte afiliación sindical, movilizaciones por los derechos de los trabajadores e intelectuales de izquierdas. Incluso comunistas –hasta que McCarthy se hartó claro está- tenían su hueco en Hollywood. No extraña tanto en este contexto que una encuesta realizada en los años previos al McCarthismo un 60% de la población vieran el socialismo como un posible “American Way”. La relación entre el cine y las masas en los States viraba hacia la izquierda.

Claro está que esto no agradaba a cierta parte de la población, y no precisamente la mayoritaria. Banqueros, empresarios y demás derechistas veían el auge de la izquierda en EEUU como peligroso. Eric Johnston, presidente de laCámara de Comercio de EEUU y futuro jefazo de la Motion Picture Producer’s Association ya abogaba por una supuesta “ideología del consenso entre clases”, un anticipo de lo que vendría después. Comprendiendo muy bien el concepto gramsciano de hegemonía, se dio cuenta de lo difícil que es que la clase obrera comparta los intereses de la burguesía a la que pertenecía. Es lo que tiene que sean antagónicos. Así fue como se dio cuenta de lo crucial de la industria cinematográfica como generadora de ideología.

Para conseguir esta hegemonía sobre las clases populares, Johnston fichó a figuras de la talla de Reagan, futuro presidente del país. ¿Por qué él? Por su enemistad con el sindicato de Hollywood, “The Guild”. 19471023_Ronald_Reagan_HUACReagan serviría para realizar el primer ataque contra lo que ellos denominaban “radicales de clase baja”. Progresivamente, se empezó la llamada “caza de brujas” contra intelectuales de izquierdas, siendo remplazados por otros de derechas. Al mismo tiempo, el gran capital inyectaba dinero en la industria, haciéndose con el control de la producción y pegando un gran giro hacia el anticomunismo y el conservadurismo, cambiando la opinión del pueblo estadounidense.

La represión no conocía límites. Orson Welles, director de Ciudadano Kane, fue investigado por el FBI por atacar al magnate de la prensa William Randolph Hearst. La policía y los servicios secretos estaban con el poder económico. El capital permeó en la industria y el mensaje de las películas basculaba entre consumismo, conformismo y tradicionalismo. Familias felices, capitalismo del guay y sentimiento patriótico –y anticomunista- al igual que los mensajes patriarcales que invitaban a la mujer a imitar los roles domésticos patrióticos usurparon las pantallas del país. Ya siendo Johnston presidente de la Motion Picture Producer’s Association decretó que ningún comunista o miembro de algún partido u asociación que ataque al gobierno sería contratado y que los que estuvieran serían despedidos. Así, el cine pasó de reivindicación a servidumbre. El cine dejaría de atacar a los poderosos para señalar al “enemigo común” e influenciar en la opinión pública.

No olvidemos que eran tiempos de guerra para el Imperio del Mal. La Unión Soviética seguía plantándoles cara y el humilde pueblo vietnamita resistía. Asimismo, Alemania estaba patas arriba con las revueltas de la oposición extraparlamentaria, en Francia volaban adoquines y Lisboa era una fiesta de fados y claveles. Estados Unidos se jugaba ser dueño del mundo y no podía fallar. Y la maquinaria ideológica hollywoodiense comenzó a funcionar de nuevo. Películas sobre la guerra de Vietnam que hablaban de las barbaridades cometidas por el Vietcong o grandes producciones que mostraban una visión caricaturesca del Telón de Acero inundaron la cartelería no solo norteamericana, sino mundial. Saving-Private-Ryan-giovanni-ribisi-27044922-853-480De hecho Salvar al Soldado Ryan hizo mucha más caja en Europa que en América. Así, Londres, Berlín y París hacían eco de la nueva propaganda estadounidense en sus cines, influyendo en la opinión pública europea.

La desconexión de la sociedad americana –e incluso mundial- de su propia realidad era un hecho. El capital había producido la suya propia y se la había metido doblada. En el caso de la antes mencionada Salvar al Soldado Ryan, expertos en historia coinciden en la distorsión de la participación de EEUU en la II Guerra Mundial. Esta película muestra al ejército estadounidense como indispensable en la victoria aliada sobre los nazis, cuando su participación estuvo realmente lejos de ser decisiva. En una encuesta realizada en Francia preguntando qué país había sido el protagonista de la victoria sobre los nazis un 57% de los encuestados eligió la URSS, mientras que solo un 20% se decantaría por EEUU. En 2004 se realizó la misma encuesta, pero arrojó datos totalmente distintos: 20% le asignaba la victoria a los soviéticos y un 58% a los yanquis.

Y es que la economía estadounidense crecía como la espuma a base de un frenesí de guerras imperialistas y golpes de Estado que terminaban en dictaduras favorables a sus intereses. El libre mercado yanqui dominaba –y domina- el mundo, y el cine era un negocio más para el Imperio. Un negocio que no solo generaba dinero, sino una hegemonía que ha puesto al mundo a sus pies pues, a pesar de sus bombardeos, saqueos y agresiones, ya nadie se cuestiona sus acciones.

¿O sí?

¿Mejor película animada?

Con los Premios Oscar a la vuelta de la esquina y para perpetuar una pequeña tradición personal, creo conveniente escribir una entrada acerca de ese galardón que vio la luz por primera vez hace quince años, ese tan imprecisamente llamado «a mejor película animada».

Por supuesto que nadie cree en la justicia de la asignación de los premios (y no, no me refiero al «pobrecito» de Leonardo DiCaprio). Los intereses materiales de los galardones de cine más famosos del mundo condicionan, no solo la entrega de los premios, sino su mismo proceso de nominación. Aquí algunas de las condiciones:

  • Haber sido estrenada entre el 1 de enero y el 31 de diciembre del año anterior a la gala de los premios, y obligatoriamente en Los Ángeles, excepto aquellas que compiten a Mejor película de habla no inglesa.
  • Las películas extranjeras deben estar subtituladas al inglés y ser la única representación de su país, una nación sólo puede presentar una de todas sus películas estrenadas al año para competir.

(Fuente: Sipse)

En fin, que queda en clara duda si realmente se trata de galardones globales de cine. Se podría decir que, más bien, lo único a lo que contribuyen es a perpetuar el terrible monopolio de Hollywood y lo que esto conlleva: la falta de pluralidad de temas, el escaso apoyo al cine independiente, la limitadísima selección de películas en las carteleras de los cines, la hegemonía estadounidense dentro de los medios, la manipulación de masas, la imposición de ideales, cultura popular, cánones y estándares internacionales, y los recursos propagandísticos (como eso de que los malos siempre son rusos, árabes o latinos; que los gordos nunca son protagonistas, sino los mejores amigos de los «guapos»; o que la diversidad racial se asigne como con un cuentagotas de forma artificial: «eh, pon a una mulata ahí, junto a ese árbol, va a ser un detallazo»).

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El premio a la Mejor película animada del año es sospechoso porque no existe una lista de criterios en el que se tenga que basar el equipo de votantes, pero todas las películas que ganan son de un parecido inmenso. Así que, sí, hay una lista de criterios no escritos, y yo he intentado reconstruirlo:

  1. La animación, digital

Hay estudios que siguen animando sus películas manualmente, mientras Pixar, Disney y DreamWorks no abandonan el terreno digital. Además están las obras maestras de stop motion de toda la vida, como la grandísima Coraline o la nominada este año Anomalisa de Kaufman. ¿Qué tipo de animación tiene más valor? Desde luego los ejemplos de películas analógicas tienen un valor casi artesanal, y el trabajo que conllevan las figuras de modelaje es inmenso. No desdeño la animación digital, porque tiene también mucho trabajo detrás, pero me parece raro que solo estas se lleven el premio año tras año.

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Trailer de Anomalisa con subtítulos en español

  1. Las películas tienen que ser de algún estudio (famoso), el estudio tiene que ser americano y, si se llama Walt Disney, mejor.

De catorce premios otorgados hasta la fecha, nueve han sido para Pixar y Walt Disney (trabajando en conjunto), el resto, Paramount y DreamWorks, también son de estudios americanos. La única película extranjera que ha ganado el Oscar a Mejor película animada ha sido El viaje de Chihiro (2002), aunque vale la pena mencionar que el estudio había cedido los derechos de video y distribución a Disney. Además, El viaje de Chihiro fue la primera película en la que Hayao Miyazaki experimentó con la animación digital (volviendo al punto 1).

Países como Bélgica, Francia, Irlanda y Japón, con una gran tradición de animación y excelente calidad de cine animado, se han visto siempre renegadas a las sombras, a excepción de sus fútiles y espaciadas nominaciones a los premios que nunca ganan (Ernest y Célestine, Las trillizas de Belleville, Persépolis, Un vie de chat, El secreto del libro de Kells, La canción del mar, El viento se levanta, La princesa Kaguya, El castillo ambulante).

La novedad de este año es la nominación de una película brasileña, de preciosas ilustraciones y colores, y una estética muy original. A pesar que damos casi por hecho que ganará Intensa-mente, no deja de ser digno de mención este pequeño cambio en el patrón de las nominaciones.

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  1. Público infantil

Grandes películas animadas que merecían sin duda alguna el premio han sido desbancadas año tras año frente a películas para niños. Así, Persépolis, La princesa Kaguya y las dirigidas por Sylvain Chomet, Las trillizas de de Belleville y El ilusionista, se han tenido que contentar solo con nominaciones. No esperamos que este año Anomalisa o El recuerdo de Marnie tengan mejor suerte.

Desgraciadamente, la idea de que la animación es solo para niños está muy extendida en el mundo, y a esta errónea concepción contribuyen Hollywood y los premios Óscar. Ya la categoría en sí, para muchos, es sinónimo de «mejor película infantil», cuando el cine de animación para adultos es un mundo fascinante y que vale mucho la pena explorar.

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  1. Más y más y más premios

Generalmente, y no solo en esta categoría, los premios Oscar favorecen a películas que ya han obtenido otros galardones. La desventaja de las películas animadas es que, comúnmente, son solo nominadas, fuera de los Oscar, las películas anglosajonas, especialmente americanas, pero también algunas del Reino Unido. Este año, por ejemplo, La oveja Shaun parece tener más ventajas que las otras competidoras extranjeras (El recuerdo de Marnie y El niño y el mundo) porque estuvo nominada a los Globos de oro y a los BAFTA (ambos premios los perdió frente a Intensa-mente), mientras que ninguna película de habla no-inglesa alcanzó siquiera la nominación.

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Siguiendo estos criterios no escritos, la clara favorita es la entrega de Disney de este año, Intensa-mente. Claro está que nunca nos podemos fiar del todo de nuestras  previas, porque los premios Oscar tienen un último criterio que ha añadido un factor sorpresa en más de una ocasión: los turnos. ¿Quién nos asegura que este año, porque Pixar y Walt Disney han ganado los últimos tres años consecutivos, no termine triunfador algún otro estudio? Tendremos que esperar a la gala de mañana, con esas terribles traducciones al castellano, con tres segundos de retraso y silencios sospechosos en los momentos en los que la audiencia estalla en carcajadas. Pero los premios Oscar son un suplicio por el que hay que pasar todos los años.

R. Torrealba T.

¿Ha Muerto el Arte en el Mundo Postmoderno? I

In postmodernism, there can be no unified self

no narrative perspective, and no history. (Brooker)

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La imagen con la que comienza este artículo ha sido mi inspiración para lo que viene a continuación. Hace unos días de camino a casa me topé con esta «obra» tan similar a las Cajas Brillo de Andy Warhol. Esto me hizo cuestionarme numerosas preguntas como: ¿Qué es lo que hace a una obra de arte actualmente ser considerada como tal? ¿Qué es lo que diferencia tanto a estas cajas al lado del contenedor de basura de las Cajas Brillo que expuso Warhol? Tanta duda y mucha divagación sobre el tema del arte post-moderno me condujeron a investigar sobre la actualidad artística. Investigando me encontré frente a la impactante frase: ¡EL ARTE HA MUERTO! Palabras que pertenecen a Arthur Dando, filósofo y crítico de arte postmodernista que se tomó la libertad de afirmar y promulgar El fin del arte en uno de sus más conocidos ensayos. Interesada, aunque no del todo de acuerdo con su perspectiva, me sumergí en la exploración y la lectura sobre la muerte artística. ¿Será cierta la afirmación de Danto sobre el fin del arte? ¿En qué principios se basa este crítico para tal cruda afirmación?

En su tesis Danto habla del transcurso del arte moderno a un arte post-histórico (lo que nosotros llamaríamos post-moderno) que viene marcado por la aparición de una nueva conciencia del arte. En periodos anteriores se creaban grandes obras de arte sin tener consciencia de que se estaba produciendo tal cosa. Sin embargo, en la actualidad se antepone el concepto de arte al propio objeto, es decir, el concepto de arte se nutre de su etiqueta cuando en realidad éste está cada vez más des-artificado y más alejado de toda belleza estética. Pensemos por ejemplo en las pinturas rupestres del periodo prehistórico, éstas se creaban sin tener consciencia de que se estaba produciendo arte, tenían más bien una finalidad ritualista pero podían ser realmente más bellas y requerir más trabajo que poner unas cajas de cartón en un museo del siglo XXI.

El objeto artístico siempre ha sido producto de una generación y ha estado sujeto a unos principios teóricos, morales y a ciertos códigos. Como Danto afirma en su tesis: En el pasado “los imperativos del arte eran en realidad imperativos históricos: había que configurar un periodo histórico-artístico. El éxito consistía en producir una innovación aceptada.” Sin embargo, el arte post-moderno no se sujeta a ningún principio esencial que lo defina, sino que refleja una gran pluralidad, heterogeneidad, pero también asimilación y un espíritu post-revolucionario (tema que se tratará en el próximo artículo) que tan bien define a nuestra generación.

Danto se refiere a esta época como la época del pluralismo. “Es decir, ya no importa lo que hagas. Cuando una dirección es tan buena como cualquier otra, el concepto de dirección deja de tener sentido.” Los integrantes de esta revista hemos debatido en numerosas ocasiones sobre el tema del arte actual y sus intenciones, debate que no nos ha llevado más allá que a numerosos choques de ideas. Nunca fue posible para nosotros alcanzar una conclusión definitiva a este tema y ahora he entendido el porqué. El arte post-moderno no posee una específica definición que englobe su significado. Podemos utilizar diferentes conceptos para su definición y ninguno de ellos será erróneo: El arte post-modernista es diversidad de perspectivas, heterogeneidad, pastiche, reciclaje, mezcla, capitalismo, consumo, asimilación, pluralidad etc.

El post-modernismo dejó de lado el rumbo que tomó el arte anterior para embrazar y probar numerosos caminos y perspectivas. El arte post-moderno se ha sumergido en el caos de la sociedad en la que habita, en la cotidianidad y en el consumo. Hemos llegado a un periodo en el que, tal y como mostró Duchamp o Warhol, cualquier elemento de la vida real puede ser arte. Entonces encontramos obras como Las famosas Latas de Sopa Campbell o las anteriormente mencionadas Cajas de Brillo de Warhol o los Ready Mades de Ducamp.

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Estas obras muestran la pérdida de subjetividad y profundidad en el arte y el paso a una actitud superficial, consumista y antiestética. El artista post-moderno siente que todo ha sido ya creado, y por tanto, deja el papel de creador de lado y se decanta por el reciclaje, la reproducción y la imitación. Lo común y lo ordinario se convierten en la nueva estética mientras que el arte se posiciona en una postura elitista. Realmente suena bonita la idea de que todo puede ser arte, de que haya un hueco en el ámbito artístico para lo ordinario, lo cotidiano, lo común, pero no cuando su revalorización se da debido a la ambición económica del artista. No cuando estos elementos ordinarios son limitados para una clase social más baja. Entonces el arte ya deja de ser de todos, ya no está al alcance de cualquier individuo de la sociedad y parece que sólo puede ser entendido por las mentes más cultas.

Por lo tanto, ¿Si el nuevo arte se crea con la revalorización de elementos corrientes de nuestro día a día, se aleja de los principios estéticos de toda época anterior, y se transforma en un bien restringido para parte de la sociedad, es la des-artificación y elitización del arte el nuevo concepto de arte? O por el contrario ¿es ésta des-artificación y elitización señal del fin del arte? ¿Tendrá razón Danto al promulgar su visión sobre la muerte artística?

Os dejamos reflexionando y creando vuestra visión, trataremos de dar respuesta a estas cuestiones en la segunda parte de este artículo. Está claro que el post-modernismo da mucho que hablar. Esta es nuestra visión, pero no olvidemos su pluralidad 😉

Reality shows: la telenarrativa.

 

Muchos no querrán nunca admitirlo pero es un hecho. Los reality-shows han copado los canales de televisión. A todas horas se nos retransmite, por uno u otro canal, la imagen, segundo a segundo, de un programa que muestra las «visicitudes» de un pequeño grupo humano a tiempo real. Los mecanismos son extraordinarios en cuanto a la complejidad y efectividad con la que funcionan a la hora de llegar a todos, de hacer que nos cercionemos de su presencia. Queramos o no, nos vemos envueltos en esa red, -que se vuelve social incluso- atrapados en cierta atracción imposible, a veces, de justificar, ¿oh sí?

El formato reality debe su indudable triunfo a una serie de causas que demuestran la gran capacidad y visión que tuvieron sus creadores. Si nos remontamos al origen del formato, podemos observar que, si bien se origina a partir de los años 50, no es hasta los 90 cuando alcanza su máximo desarrollo. Se produce un salto sustancial desde la cámara oculta hasta la retransmisión, en directo, de un número de personas que por la naturaleza del programa adoptan de la narrativa el esqueleto pero no la envolutura. Big Brother es, quizá, el ejemplo más claro de cómo los motivos de la narrativa humana se desarrollan en la pantalla pero no es el único. Otros como Extreme Makeover, Top Chef, Operación Triunfo o  Fama,  adoptan este esquema. Así, se podría entender, su calurosa recepción, cosa que se traduce en su indiscutible éxito.

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El formato televisivo exige, en base al principio de economía cognitiva, la sencillez para un producto que debe ser recibido y asimilado de forma inmediata. No exige, por tanto, ningún tipo de reto intelectual comprenderla o seguir su línea argumental. Sin embargo, quizá lo que provoque su triunfo absoluto es su esquema narrativo que, a pesar de contar con limitaciones a la hora de desarrollarse tal y como podría hacerse en papel, trabaja los motivos y mecanismos del relato que acompañan al hombre desde el principio.

En el reality los individuos se convierten en personajes arquetipo. Si lo miramos siguiendo la perspectiva de que toda la realidad traducida a píxeles se transforma en ficción, podemos comprender a la persona protagonista como un ser despojado de todo accidente salvo aquellos necesarios para definirlo conceptualmente. Cada elemento de este relato que se irá tejiendo cumplirá, entonces, un motivo fácilmente reconocible porque se desarrollará a partir de los que ya existían. Vladimir Propp recogió muchos de estos en su obra de 1928 Morfología del cuento. Así, aparecerán en los realities figuras como el héroe– que se reinventan en padres de familia solteros, victoriosos del cáncer o exdrogadictos-, el antagonista o villano,  el o los que ayudan al  protagonista, la figura de la princesa que ha de ser rescatada convertida en amante pasajera, y el que antes fue bufón aparece como gracioso. Cada función permite que los televidentes se sientan identificados con uno o varios personajes, pues todas remiten a diferentes tipologías humanas de extensa tradición. Además, cada papel es capaz de desplazarse bien por la configuración del programa o por la influencia del público. Las líneas narrativas El espectador se puede percibir como un pseudonarrador, un ente-masa que con toda la libertad que permite lo que ya se ha predicho cree ser capaz de dirigir los hilos narrativos. Se concibe a sí mismo como creador en parte del programa, especialmente, desde que las redes sociales permiten la directa relación entre los que lo dirigen y quienes lo visionan.

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Las líneas narrativas reproducen asimismo los esquemas ya establecidos y recogidos. La mayoría de ellas siguiendo, pues, estos parámetros, bascula entre las pulsiones de los celos, la envidia, el amor, la búsqueda- antes proyectada en forma de viaje inciático, ahora como viaje introspectivo-, el sexo, la muerte- en el reality como expulsión o derrota en el concurso y sobretodo la ambición. La ambición es especialmente importante porque caracteriza en mayor o menor medida a todos los personajes siendo esa la razón, ya sea más o menos explícita, de su incursión en el formato.

De esta manera se reescribe un relato que ya había experimentado muchas formas y que encuentra en la pantalla su proyección más masiva y simultánea. La narración se erige a través de la televisión como un  monstruo híbrido de lo humano con lo humano desde el foco del objetivo hasta el píxel y consecuentemente liga las pretensiones humanas con las pulsiones humanas, haciendo del formato un ente imparable que amenaza -tristemente o no- el resto de programaciones.

 

«Mejor marica que napolitano»

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Italia se despierta, por fin, ante uno de los reclamos más polémicos y revisados de los últimos años de su historia: el derecho al matrimonio igualitario y su consecuente derecho a formar una familia. Veintisiete años tratando de definir una ley que de una vez por todas dé cabida en la sociedad a miles de italianos e italianas dentro de la institución. Legislar algo es una manera de mostrar, desde la autoridad, que ese algo existe y es de vital importancia que un derecho universal como el matrimonio sea reconocido sin distinciones.

España ha sido considerado uno de los países más tolerantes respecto a la homosexualidad en Europa. Fue el tercer país del continente en aprobar una ley que cubriera por completo los derechos al matrimonio entre personas del mismo sexo y el primero en hacerlo sobre la legalidad de homoparentalidad, tanto en la adopción como en la reproducción asistida. España, a pesar de una reciente dictadura franquista y un legado de derechas (que aún hoy nos acompaña) parece un oasis progresista en mitad de una Europa mediterránea caduca.

Italia sigue los pasos de países como Portugal o Francia que ya aprobaron la ley en 2010 y 2013 respectivamente. Se abre el debate de nuevo, comienza a cuestionarse la legitimidad de la unión y la naturaleza de la orientación sexual. Comienzan los inconvenientes, las preocupaciones, los “peros” y se cuestiona la moralidad de todo. Aparece, una vez más, ese discurso hipócrita y autoritario que trata de justificarse en su finalidad protectora: Sus hijos no serían naturales, yo soy católico y practicante así que no estoy de acuerdo, son ganas de llamar la atención, son promiscuos y se divorciarían al poco tiempo, es necesario que los niños tengan la figura de un padre y de una madre para crecer adecuadamente, etc.

Aparecen los problemas con los que ya nos topamos aquí hace diez años y que aún hoy son tema de debate y argumento para algunos que todavía quieren deslegitimar un derecho tan básico como el de elegir con quién compartir experiencia y tiempo y cómo hacerlo.

La Iglesia fundamenta muchos de estos juicios desde siempre, atreviéndose a hablar de lo poco “natural” y “verdadero” de estas relaciones (já), ha sometido a estas personas a la condición de monstruosidad anti natura (já – já) y además cuestiona sus capacidades emotivas a la hora de formar una familia (já – já – já). Nada de esto es nuevo, se ha posicionado desde siempre como raíz y fundamento de la moralidad universal. Gracias a Dios, parece que poco a poco los hechos demostrables se están dejando en el lado de la ciencia y las creencias en el lado del misticismo privado de cada uno. Porque parece que se sigue cuestionando mucho (tanto aquí, como allí) la capacidad de las personas homosexuales en la crianza de los hijos, a pesar de que no existe ni un solo argumento que contradiga su competencia más allá de lo que se podría contradecir a una familia tradicional-católica.

Por otro lado, de sobra es sabido cómo los ritmos de vida occidentales han distanciado enormemente el concepto de familia actual con aquel en que se creía hace apenas un siglo. Si la política, la economía, la ciencia y en definitiva la sociedad están en perpetuo cambio, es necio pensar que la familia no debería hacerlo. Aunque también es extraño percatarse de la firmeza de los roles de género sobre los que hoy se justifica este modelo de parentalidad. En Italia, excusa perfecta para mantener una idea conservadora e inamovible sobre la “necesidad” de una “familia tradicional”. En España, es el argumento que nos ayuda a digerir que la “familia tradicional” se está transformando en un vestigio, pero que menos mal que aún existen esos roles (mujer-cuidadora, hombre-patrón) que nos tranquilizan pensando que el orden de las cosas en el fondo no se ha alterado tanto.

Y además de esto, no olvidar la propia cultura del país. Grafitis como “mejor maricón que napolitano” que recalcan (mucho más de lo que acostumbramos en España) esa división norte-sur, dejándote bien claro que ser un marica es ya de por sí malo, pero peor es ser un terrone ( https://es.wikipedia.org/wiki/Terrone ); anécdotas que describen cómo puedes acabar con un ojo morado si se te ocurre besar a tu pareja (del mismo sexo, obvio) en la plaza del Duomo de Milán (ojo, Milán, uno de los principales motores industriales del norte de Italia) o compañeros de piso que te preguntan si tus amigos españoles son “abiertos de mente” para poder “estar a gusto con su pareja” en una fiesta.

Queda claro que el debate está en la mesa, de pronto la homosexualidad existe y ha comenzado a moverse, ahora ya es imparable. Italia ha despertado y necesita una ley que regule esta necesidad. Acompañar al grito italiano en esta lucha es fundamental no solo para acabar de una vez con esta sinrazón en países tan cercanos culturalmente, sino también para recordar que aún queda mucho por hacer, que después de la ley queda un arduo trabajo educativo y una laboriosa reestructuración del sistema para eliminar tabúes y complejos, para construir una sociedad coherente y, desde luego, mucho más sana. #SvegliaItalia