“Si al hablar no has de agradar, te será mejor callar” y otras maravillas que Disney nos ha inculcado.

¿Qué son roles de género y cómo nos afecta?

Los roles de género son una serie de normas de conducta no escritas que estereotipan la identidad de una mujer o un hombre dentro de un grupo social determinado y los cuales dependen y cambian a través de la época, la sociedad y la cultura en las que se presentan.

Los roles de género pretenden determinar cuál es el comportamiento que se considera adecuado para mujeres y hombres, castigando y discriminando al que se salte estas invisibles pero arraigadas normas.

Lo sé, mucho tecnicismo para un artículo que prometía hablar de princesas Disney, pero es fundamental entender y definir que son, en realidad, los roles de género para poder explicar el impacto masivo que han tenido en muchas de nuestras heroínas de la infancia y por consiguiente en nuestras lactantes mentes. Y es que en pleno Siglo XIX, el de la libertad, la igualdad y el Twitter, aún se usan frases como “los chicos no lloran”, “corres como una nena”, “un hombre provee a su familia” y “¿tu mujer gana más que tú? Qué palo…” Y es que son estas anticuadas percepciones de “quién debería ser qué” las que intentan definirnos por lo que hacemos y no por lo que somos, y un ejemplo maravillosamente curioso de esta evolución de roles lo encontramos en nuestras queridas princesas.

(spoiler alerts, duh!)

La eterna ama de casa.

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Blancanieves se estrena en 1937, periodo entre las dos guerras mundiales, y mientras en España vivíamos una guerra civil, en Estados Unidos envestían a Roosvelt y una endeble burbuja de tranquilidad gobernaba el país. Es así como la dulce Blancanieves entra en nuestras vidas, cocinando, fregando, barriendo y todo tipo de gerundios conectados a las tareas domesticas sin que nadie le borre la sonrisa o una tierna canción de sus labios de rubí. Y aun que el sexista Gruñón odie a Blancanives definiendo a todas las mujeres como “veneno. Todas son malvadas” nuestra querida protagonista no está nada a disgusto con su situación, es más, todo lo contrario, porque ¿qué haría una mujer si no? ¿ir a trabajar a la mina con sus colegas enanitos? ¿Tirarle de los pelos a la malvada madrastra que le ha usurpado el trono? (la cual por cierto ni siquiera tiene nombre en la película, por lo que yo también me cabrearía) ¿Tocarse la vagina a dos manos? ¡Claro que no! Eso sería una locura, lo que Blancanieves necesita es un hombre, porque si su belleza la ha metido en problemas, con un poco de suerte también puede sacarla de ellos. Sí, un hombre lo arreglará todo (bueno, le devolverá a un palacio donde otras mujeres, cocinaran, fregarán y plancharán por ella, claro). Y es que, no será hasta los 70 u 80 que la concepción de una mujer independiente sin ser una extensión o herramienta de un hombre aparecerá en estas y muchas películas. Blancanieves sólo será libre cuando un hombre decida liberarla y mientras tanto todo lo que ella debe hacer es sentarse a espéralo. Y es precisamente este, el claro mensaje escondido en la enternecedora dulzura de la protagonista el que se enseñaba a las mujeres hasta los 50: “cocina, lava y sonríe querida, hasta que un joven apuesto te libre de la carga familiar que ya empiezas a suponer, sólo para seguir cocinando, lavando y sonriendo, que es básicamente lo único que deberías saber hacer”

https://www.youtube.com/watch?v=vI_c1F994gs

—Hasta aquí haría un artículo y a partir de aquí un segundo [Símbolo]—–

La dependiente disfrazada de rebelde.

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En 1989, con la caída del muro del Berlín y a caballo entre la segunda y la tercera ola del feminismo, llega La Sirenita, un cuento original de Hans Christian Andersen, rescrito y endulzado por Disney (en el cuento de Andersen la sirenita nunca llega a conseguir al príncipe, lo que la lleva a suicidarse). ¿Qué puedes recordar de La Sirenita? Es la pequeña de 5 hermanas, la hija favorita del rey Tritón, gobernante de los mares, tiene una ligera obsesión con los humanos, lleva un bikini sexy y su pelo esta de revista en tierra, mar y aire. Definitivamente es una rebelde, por un oído le entra y por otro le sale todo lo que su padre le diga sobre los humanos, y más después de salvar a su amado príncipe Eric (correcto, en Disney todos son de la realeza) de morir ahogado. La pregunta aquí es, ¿En que se traduce la rebeldía de Ariel?¿Es que acaso no está conforme con el régimen dictatorial de su padre?¿Acaso vive subyugada por las normas de la corte marina y ansía una vida más libre?¿Qué es lo que le fascina tanto de los humanos?¿Tiene acaso complejo de exploradora, es Ariel una frustrada antropóloga?¿Qué está dispuesta a dar por conocer el mundo “exterior”? Pues las respuestas a estas preguntas nos las responden las pegadizas canciones de esta película:

Ariel no tiene ni idea de que hacen los humanos, sólo que crean cosas que ni siquiera sabe para qué son, andan y tienen “fuego”, y de alguna manera esto le fascina y necesita conocer el mundo humano sí o sí (qué una servidora se pregunta, si el fuego no existe bajo el mar, ¿cómo sabe su nombre?)

“Tanta abundancia tanto esplendor te hace pensar que yo no necesito más…aun que a veces no sepa que son” “sólo nadar no es original por qué no tener un par de piernas” “¿Qué es fuego? ¿Qué es quemar? ¿Lo podré ver? ¿Cuándo me iré? Quiero explorar sin importarme cuándo volver” (A Eric) “Es tan hermoso…Me gustaría tanto verte feliz, y disfrutar bajo el sol, tu compañía sin condición, yo volveré, ya lo veras, por ti vendré”

Hasta ahora uno puede deducir varias cosas; Ariel sólo conoce el mundo humano por escaparse a la superficie y recolectar objetos humanos que van cayendo en el reino por naufragios (debían naufragar por allí un par de barcos a la semana para tener semejante colección). Ariel está dispuesta a mandar a paseo a su familia al completo por vivir en el exterior sin siquiera saber que se cuece por allí. Por último, Ariel se ha enamorado de un humano, con el que no ha hablado en su vida, ni sabe absolutamente nada de él, salvo que tiene un perro (animal que no debería de conocer porque no es marino) y por ello decide hacer un pacto con la bruja del mar para poder ser humana y estar junto a él, así pues a cambio de unas piernas de ensueño y una aparato reproductor femenino, Ariel entregará su voz. Lo que nos lleva a la segunda canción clave, también titulada “un-mensaje-no-muy-subliminal-de-lo-que-se-espera-del-comportamiento-femenino”

“Los hombres no te buscas si les hablas. No creo que los quieras aburrir. Allá arriba es preferido, que las damas no conversen. A no ser que no te quieras divertir. Veras que no logras nada conversando, a menos que los pienses ahuyentar. Admirada tú serás, si callada siempre estas. Sujeta bien tu lengua y triunfaras Ariel!”

Todos sabemos el final, Úrsula muere, Tritón le regala un par de piernas a su querida hija y esta se casa con el príncipe y viven felices para siempre. ¿Es esto lo que Disney intentaba enseñar a nuestras jóvenes ochenteras? ¿Qué sólo merece la pena ser “rebelde” por un hombre? ¿Qué tienes que cambiar y adaptarte para ser amada? Por mucho que a la pequeña sirenita le fascinara el mundo exterior, no tuvo aletas suficientes para hacer un pacto con la bruja del mar hasta que no se enamoró de un príncipe, ¡ni más ni menos! ¿Es tan diferente, entonces, el mensaje que transmite esta película comparada con Blancanieves? Para mi sigue diciendo que el único deber de una mujer es casarse con un hombre, aun que ahora una no tenga que esperar sentada a que la encuentren, sino que deba ella misma salir a buscarlo (gracias por concedernos eso), que si eso no funciona cambies absolutamente todo tu ser para conseguir lo que quieres y que no hace falta ser la ama de casa perfecta, pero claro, debajo del mar…no hace falta fregar ¿no?

La pelirroja indomable.

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La protagonista de Brave, Mérida, llega en 2012 como un soplo de aire fresco de la mano de Pixar, y es que hay que reconocer el esfuerzo que han intentado hacer este “nuevo” afluente de Disney en crear películas unisex y no estereotipar a sus personajes. Mérida es una guerrera escocesa, monta a caballo, maneja el arco y la flecha como nadie, odia las tareas del hogar, lo políticamente correcto y los vestidos ñoños. Mérida rezuma libertad por todos sus poros, tanto es así, que cuando su padre intenta casarla con cualquier hijo idiota de un reino vecino, apostando literalmente el casamiento de su hija en un torneo, esta decide luchar por sí misma para ganarse su propia mano y no tener que casarse con nadie. Y sorprendentemente (y por primera vez en Disney), esta película acaba sin un final romántico. Es cierto que podríamos hablar de cómo se representan las relaciones filiales en esta familia, pero por desgracia ese no es el tema en cuestión de este artículo, así que sólo me queda recalcar lo maravilloso que me parece, a la vez que sorprendente, que hayamos tenido que esperar como espectadores hasta 2012 para ver a una princesa independiente, que decide (y esto es un dato muy importante, insisto, ella DECIDE) que no necesita a un hombre en su vida para manejar un reino, un trabajo o su vida en general. Y es que Mérida es consciente de que no hace falta que nadie “la dome” pues es perfectamente normal y se puede ser perfectamente feliz siendo como ella es.

Desde aquí os animo a todos a ver este precioso largometraje y a buscar otros mensajes, llamémosles “inconscientes”, que Disney ha perpetuado a lo largo de sus películas (ejem, ejem, el sometimiento de Mulan, el racismo de Aladdin y no me hagáis empezar con La Cenicienta) y aun que son películas de muchas infancias, es importante entender que mensajes pueden llegarnos a través de qué y cómo descartar lo malo para absorber lo bueno, pues en palabras de la propia Merida “Nuestro destino vive en nosotros. Sólo debes ser lo suficientemente valiente para verlo”

 

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